Los límites de Europa Los límites de Europa
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Sentado al ordenador, decido escribir a Miguel. “Se me ha ocurrido que podríamos ir a los cuatro puntos extremos de Europa. Ya hemos estado en Cabo Norte, Tarifa y Cabo da Roca son fáciles, pero Pervouralsk da un poco de miedo. ¿Qué opinas?” Reconozco que una parte de mí quería leer en su respuesta que era algo imposible para nosotros, gente de lo más normal, pero el mensaje que recibí fue muy diferente…

Tarifa.3. Brindis por el objetivo cumplidoConocí a Miguel en la Ruta de los Penitentes de 2008. Ya allí hablamos de ir a Cabo Norte pero lo tomé como las muchas otras veces que lo había comentado con otros amigos moteros: todos dicen que quieren ir, pero luego nunca dan el paso. La cosa cambió cuando, unos meses más tarde, recibí un mail con varias rutas a Cabo Norte divididas por etapas: Miguel iba en serio. Iríamos dos motos y tres personas: Miguel y su pareja Laura (ahora su mujer) y yo.

Los meses siguientes fuimos concretando el viaje. Nos apoyamos en las muchas crónicas que hay para decidir cuál era el mejor itinerario y en nuestras preferencias para decidir qué visitar, donde hacer días de descanso,… Como casi todos, hicimos la ida por Suecia y Finlandia y la vuelta por Noruega; esto te permite disfrutar más de paisaje noruego, ya con el objetivo de Cabo Norte cumplido.

A las motos, dos Honda Varadero 1000 solo les hicimos un chequeo básico para asegurarnos que neumáticos, pastillas, cadenas,…durarían los 12000 km que teníamos por delante.

Este viaje nos sirvió para quitarnos el miedo a las grandes distancias. Se pasa siempre por países desarrollados en los que, si ocurre algo como una avería, basta con sacar el móvil para recibir ayuda rápidamente.

Del viaje destacaría varias cosas. Por una lado, Cabo Norte con su paisaje de tundra, el paso por túneles bajo el mar y, sobre todo, por la reunión que se da allí de viajeros llegados de todas partes del mundo en todo tipo de vehículos: coches, motos, caravanas, bicis,…hasta encontramos uno que iba en tractor, otro en patinete…

Destacaría también la amabilidad y el civismo de los países nórdicos: poder dejar el casco, la chaqueta o el GPS en la moto sabiendo que a la vuelta seguirán ahí, no tiene precio.

Cabo Norte.2. Objetivo cumplidoDe los paisajes de la costa sueca, de las islas Lofoten, la región de los fiordos,…no digo nada porque todo está más que dicho… ¡pero hay que ir a disfrutarlo!

Desde aquí animo a todos a hacer este viaje: dejemos las excusas del no tengo tiempo, es muy caro y demás barreras que nos ponemos y demos el paso para hacerlo. Solo hay que poner una fecha, planear la ruta que más nos gusta y animarse. Haciendo el “sacrificio” de no ir a buenos hoteles (nosotros en Escandinavia, dormimos en hytters, cabañas en los campings; en el resto en hoteles tipo Formule 1 y algún albergue), comer  “sobre la marcha” y olvidarse del alcohol en Escandinavia, se puede ir por menos de lo que cuesta 15 días en un apartamento en la playa.

Al volver, pensamos que era el viaje de nuestra vida, que no haríamos otro igual.

Un par de años más tarde, estaba entretenido leyendo crónicas de viajes a paraísos lejanos, cuando me di cuenta que no había visto nunca una crónica que narrara el viaje a los cuatro puntos extremos de Europa: Cabo Norte, Tarifa, Pervouralsk (Rusia) y Cabo da Roca (Portugal).

Con Cabo Norte ya visitado, Tarifa y Cabo da Roca en la península, el único viaje complejo era el de Pervouralsk, a unos 1.700 km al este de Moscú, en la región de los Urales. La idea caló en mí y me fui imaginando rutas, lugares que visitar… Entonces, decidí contárselo a Miguel. No tuve que convencerlo; rápidamente decidimos que llevaríamos a cabo el proyecto.

El siguiente viaje que hicimos fue a Cabo da Roca. Al grupo anterior se sumó Rosa, que en poco tiempo se convirtió en motera incondicional… y en mi mujer.

Aprovechamos para visitar Lisboa, preciosa ciudad que tenemos tan cerca y también tan olvidada. Es una visita más que recomendable.

El entorno de Cabo da Roca me recuerda al de Cabo Norte: un acantilado junto al mar, con la vegetación pegada al suelo debido al fuerte viento que debe soplar aquí. Una placa de piedra indica que estamos en el punto más occidental de Europa “donde la tierra se acaba y comienza el mar”.

Casi sin darnos cuenta estamos a las puertas del viaje a Rusia. Sacar el visado ruso nos ha costado varias visitas a la oficina de la embajada, ya que piden todo tipo de documentos: pasaporte, fotos, seguro personal de viajes, seguro de la moto … ¡hasta fotos de la moto!

Pervouralsk.9.Para evitar las aburridas autopistas europeas, decidimos coger el tren que en 24 horas nos lleva cómodamente desde Narbona a Hamburgo. Pasamos por Varsovia y subimos hacia los países bálticos. Pero el gran cambio lo notamos al entrar en Rusia. Aquí todo es diferente. Las carreteras pasan de estar perfectas a tener agujeros que se tragarían la moto y sin ninguna explicación aparente. Circulan desde coches de muchos miles de euros a reliquias de la era soviética que dejan tras de sí una nube de humo. Y si a todo esto sumamos la forma de conducir de los rusos, se consigue un cóctel en el que circular por este país, sobre todo en las zonas más pobladas, se convierte en un deporte de riesgo.

Pero Rusia te da tanto… Ciudades de arquitectura tan distinta a la de aquí (me quedo con la iglesia del Cristo sobre la Sangre Derramada de San Petersburgo y, sobre todo, con la espectacular Plaza Roja de Moscú), paisajes de llanuras infinitas y sobre todo su gente: al principio parecen fríos pero luego se abren y te ofrecen lo que necesitas; me viene a la cabeza cuando Sol y Sasha nos salvaron de una noche sin cenar reabriendo su bar para nosotros, el día que fui a adelantar a un coche y su conductor alargó el brazo para darnos una manzana o las varias veces que paramos a comprar fruta en los puestos de la carretera y las señoras que los atienden siempre nos regalaban algo.

Ya de vuelta cruzamos Ucrania, situamos en el mapa la República Moldava del Dniester, disfrutamos la Transfagarasan, nos sobrecogimos descubriendo los vestigios de la guerra de los Balcanes de hace apenas 20 años y nos relajamos recorriendo la costa croata, Amalfi y Capri.

Nunca he sentido tanta nostalgia del tiempo vivido como al terminar este viaje. Fueron 13.000 km con sus momentos buenos (la mayoría) y también con alguno malo, como cuando los rodamientos de la rueda trasera de la moto de Miguel dijeron basta con 81.000 km cerca de la frontera rusa y tuvimos que separarnos por un par de días.

Ya solo nos quedaba ir a Tarifa. Un viaje tranquilo donde disfrutar de las maravillas de Andalucía y celebrar por todo lo alto que, quizá, hemos sido los primeros en visitar los cuatro puntos extremos de Europa con los mismos vehículos.

Para Motoviajeros, Ramón Gómez Peñate  // www.4horizontesmoto.blogspot.com

Quique Arenas

Director de Motoviajeros y responsable del Departamento de Comunicación del grupo Ubricar.
Durante más de 20 años, en sus viajes por España, Europa y Sudamérica acumula miles de kilómetros e infinidad de vivencias en moto. Autor del libro “Amazigh, en moto hasta el desierto” (Ed. Celya, 2016).

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