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Roadventure Morocco Tour: amanecer en el desierto del SaharaUn viento fresco y portuario se cuela entre las calles de Algeciras. Nos hemos sentado en la terraza de un bar, saboreando recuerdos, risas, flamenquines y raciones de jamón y queso que nos saben a gloria. Estamos agotados, pero felices por haber vivido la experiencia de recorrer Marruecos en moto. Acabamos de desembarcar del ferry que nos ha traído de regreso a la placidez de Europa, después de rodar durante algo más de una semana por las carreteras del reino magrebí. Kike Borrás y Baltasar Ruiz, el equipo de Roadventure que ha guiado nuestros pasos en este inolvidable Morocco Tour, dedican unas últimas palabras al grupo con el que han compartido vivencias durante ocho días. Todos estamos emocionados. Han sido días duros, con muchas horas de conducción y jornadas que se prolongaban hasta el anochecer. Un viaje a Marruecos siempre puede depararte imprevistos e imponderables, nunca puedes subestimarlo. Lo importante ha sido afrontar cada día venciendo las adversidades, siendo una piña. La unión hace la fuerza. Y también siembra amistades. Es la enseñanza más valiosa que nos ha regalado esta experiencia.

Todos y cada uno de nosotros teníamos un motivo para formar parte de la expedición. Empezando por quienes han promovido el proyecto, desarrollándolo durante meses con esmero e ilusión para crear un tour excepcional de Semana Santa, el primero de otros muchos que a buen seguro están por venir. Kike y “Balta” nos han ofrecido entrega y profesionalidad, poniendo su esfuerzo y su trabajo al servicio de un grupo humano formidable. Kike se ha revelado como un roadleader abnegado, con un valioso fondo y un profundo conocimiento del país norteafricano. Su carácter sentido y apacible y el celo que ha puesto en torno a la seguridad del grupo merecen un capítulo aparte. Su cuidada elección de alojamientos y comidas ha sido, sencillamente, inmejorable. La otra parte del binomio, “Balta”, ha sido un “ángel de la guarda” para todos nosotros, brindándonos su dilatada experiencia como hombre de mundo y gran viajero. Desde su furgón de apoyo –y fuera de él-, ha resuelto todas las situaciones difíciles con una eficiencia de manual.

Javi, Eva, Jorge, Jesús, Carlos, Alicia, Juan, Mary, Pablo, Tere… todos hemos sido una gran familia. Hemos disfrutado juntos los grandes momentos, y también hemos superado juntos las dificultades. Para algunos era su primer gran viaje. Para otros, más que un viaje, un sueño por cumplir. Para mí, volver a esta tierra bendecida después de haber escrito “Amazigh, en moto hasta el desierto” (Editorial Celya, 2016), era un reencuentro mágico y emocionante. No era un viaje cualquiera. Era un viaje muy especial.

Roadventure Morocco Tour: garganta del TodraMarruecos siempre sorprende. Marruecos siempre arrebata. Es imposible permanecer impermeable a todo cuanto te rodea. Desde los valles del Rif hasta las dunas de Erg Chebbi. Desde la exquisita gastronomía bereber hasta el frenético bullicio de Marrakech. Desde la mirada indescifrable de los niños hasta el serpenteante asfalto del Tichka. Desde los cielos estrellados de Merzouga hasta los luminosos atardeceres de Asilah. Desde el ksar de Ait-Ben-Haddou y su hamada circundante hasta los preciosos riads que nos han ofrecido descanso. Hemos penetrado con nuestras motos en las gargantas del Todra y del Dadés. Hemos paseado por Volúbilis observando la Toscana marroquí que lo rodea. Hemos sentido la vertiginosa actividad de Djemaa el Fna… Todo esto y mucho más lo hemos vivido juntos. ¿Cómo no emocionarnos al recordar?

Cada vez hay más gente que se lanza a vivir los viajes en moto. Muchos lo hacen en solitario o en compañía de amigos. Pero lo cierto es que la posibilidad de viajar en grupos organizados, con empresas que se dedican de manera profesional y específica a promover este tipo de iniciativas, es una opción que se está demostrando eficaz y con gran demanda. Es cómodo, más seguro y además la estructura de grupo nos permite alcanzar metas que de otro modo resultarían más complicadas, por no decir impensables (que no imposibles) para algunos. Y Roadventure ha desempeñado este papel a la perfección, ayudando en todo momento a superar las barreras burocráticas, idiomáticas, organizativas y logísticas.

Marruecos no es Europa. Pocas cosas funcionan tal como las conocemos en nuestro mundo. Basta cruzar el Estrecho para darse cuenta. Precisamente por eso, conocerlo a través de un tour organizado se erige como una fantástica solución para vivir una experiencia llena de contrastes, adrenalina y rutas de ensueño. A algunos Marruecos les (¿nos?) ha cambiado la vida, la forma en que la vemos, y la forma en que queremos disfrutar de ella. ¿No me crees? Aguarda el amanecer sobre una cresta del Sahara y después hablamos.

Pero ningún mar en calma hizo experto a un marinero. Así pues, para saborear estas emociones también hay que aprender a remar contra derivas y contrariedades. Y así empezábamos: con un retraso de órdago a la hora de alcanzar el puerto de Tánger Med, que provocó que llegásemos a Chefchaouen pasadas las tres de la madrugada, hora española. África nos recibía a oscuras, y el contacto con los primeros kilómetros del continente cuna de la humanidad se convertía en un fundido a negro, donde apenas podíamos percibir bajo los flujos lunares la silueta de las montañas recortándose sobre el horizonte. Entrábamos con una venda en los ojos, como cuando de pequeño alguien te tapa para mostrarte después una gran sorpresa.

Atrás había quedado la incertidumbre, la navegación y el papeleo fronterizo. También el pseudobocata revitalizante de gasolinera y las primeras conversaciones fugaces con los tangerinos noctámbulos que rondaban el cajero del que sacamos nuestros primeros dirhams. Ya estábamos en Chaouen. La ciudad dormía, silente y oculta, bajo la protección del pico rocoso que escolta a este antiguo asentamiento bereber.

Roadventure Morocco TourSus manantiales riegan de vida el valle que rodea a esta población fundada a finales del siglo XV, convertida hoy en día en un centro de turismo de primer orden. Y su medina encalada de blanco y añil es un imán para el visitante. Pudimos comprobarlo a la mañana siguiente, donde la calma de esta ciudad santa se había transformado en un hervidero de turistas y mercaderes. Paseamos por la Plaza Hammam y la Alcazaba, jugamos al escondite en el laberinto de callejuelas empedradas que conducen hasta los lavaderos públicos, donde las mujeres hacen la colada junto al nacimiento del Ras al-Ma. Chaouen es la perla azul del Rif, y el Hotel Lyna Riad Spa el paraíso de fragancias acuáticas y luces tenues en el que el grupo pasó aquella noche fugaz.

La mañana se desperezaba rápidamente y los azules limpios del cielo y de las casas competían en belleza. Pero nuestras motos aguardaban impacientes. Y nuestro espíritu de aventura, también. Por delante teníamos una etapa larga, por kilómetros y, sobre todo, por tiempo de conducción. Así que cargamos con nuestro equipaje personal las monturas y abandonamos la ciudad rumbo a las montañas y pueblos rifeños, que viven aislados en el Arco de Gibraltar, una orografía abrupta y fértil que tiene su techo en el Tidirhin (2.452 m). Al norte, vierte sus laderas a la costa mediterránea. Nuestra carretera traza la bisectriz a esta espina dorsal atravesando bosques de cedro, roble, alcornoque y encinas. La jara está floreciendo y sus hojas de nieve aterciopelada, con pequeños soles en su interior, se cimbran con cada ráfaga de levante, ese viento que amenazaba con una travesía por el Estrecho de infarto y que decidió concedernos una moratoria. Sobre el suelo avejentado de la N2, nuestras máquinas se adentran entre zarandeos ventosos en los primeros pueblos del Rif.

Alcanzamos Bab Berred. Santo Dios… este lugar continúa siendo uno de los lugares más horrendos de la Tierra. Es la cochambre elevada a su máxima expresión. El caos. Completamente indescriptible. Pero volvería a pasar una y cien veces más, porque la experiencia resulta increíble. Es como estar en las tripas de un gran plató de cine. Como si todo el mundo que aparece en escena, sin sentido aparente, formase parte del guión de una película. Y tú estás ahí, raptado, sobre un hilo, con tu moto, intentando no perder de vista a los compañeros, mientras la muchedumbre va de aquí para allá, en todas direcciones, pero sin dirección razonable posible. Es un pueblo sin calles, o sin nada que parezcan calles, cuya explosión inconexa de vida se articula de manera inquietante y convulsa en torno a la travesía. Supongo que nadie que no haya nacido allí podría resistir aquella celda de castigo más de 24 horas. Pasar por sus entrañas es como echarse un trago de jugos gástricos de tiburón.

La parada para almorzar también ha sido de película. Hemos aterrizado en un restaurante de carretera, desconchado y a la brasa, donde nos han preparado sobre la marcha unas ricas carnes que minutos antes descansaban boca abajo sobre nubes de humo y oxidados ganchos de matarifes. “Balta” hace gala de su primera demostración como tratante. El menú, barato y gustoso, nos ayuda a cargar pilas para continuar la marcha.

Roadventure Morocco TourLos paisajes de esta cordillera son cambiantes, y a medida que avanzamos hacia el Este los espacios ganan en amplitud y la vegetación nos brinda un nuevo abanico de colores. El grupo progresa lento pero firme por esta curvilínea sucesión de panorámicas. Es imposible circular a más de 50 km/h. Poco a poco el olor a kif se va colando por nuestros cascos. Estamos acercándonos a Ketama. Pero traemos la lección bien aprendida y no nos dejamos seducir o intimidar, según el caso, por los parroquianos instigadores. Aparecen por los cuatro costados, con vehículos trucados que se conocen al dedillo cada recodo, cada giro del terreno, cada escondite y cada caño de agua. Algunos aguardan como estatuas disecadas bajo la protección de los árboles; otros se nos pegan en busca de algún santo y seña favorable. ¿Sentir miedo? No, en absoluto. ¿Peligroso? Tal vez, ¿pero acaso circular por la M-30 madrileña en hora punta no lo es? Después de hacer oídos sordos a la insistencia que nos rodea, continuamos nuestro descenso hacia Fez atravesando nuevos valles y collados. Las montañas flotan a nuestro alrededor como pequeños icebergs de arcilla. Es un horizonte vasto, que parece no tener fin. Pero poco a poco el terreno pierde en altura y los cerros y ríos suavizan nuestro caminar, al tiempo que incrementan nuestro ritmo de marcha. La primavera ha pintado de colores el campo, que forma un lienzo agradable en contraste con lo que la mano del hombre ha creado.

A lo lejos, aún muy a lo lejos, nos espera el hotel de Ifrane. El sol desciende entre una bruma amarillenta por nuestro flanco derecho. Ya casi acaricia las lomas de poniente. El día se nos resbala entre las manos como un pez travieso, pero un atasco monumental de acceso a Fez nos devuelve a la cruda realidad. Kike, nuestro capitán, con buen criterio, decide virar a babor en busca de una autopista convertida en océano libre de obstáculos que nos permita ganar tiempo. Pero la noche se nos echa encima. Y los infortunios también. Sin saber cómo ni de qué manera, perdemos por completo al vehículo de apoyo al decidir entrar con las motos en un área de servicio. Desafortunadamente, el teléfono de “Balta” no da señales de vida y nos toca reanudar la ruta con la esperanza de que vaya delante de nosotros. Al llegar al hotel, a medianoche y habiendo soportado temperaturas de 7ºC, nos enteramos de que uno de los neumáticos del furgón había sufrido un reventón a escasos metros de un control policial, en plena autopista. Al día siguiente, queda todo resuelto y nuestro ánimo luce tan a estreno como el neumático de la Iveco, pues estábamos deseando llegar al bosque de cedros de Azrou. Ifrane, por su parte, sigue siendo cada vez más suiza. Con bancos en cada esquina y coches de gama alta por doquier. Todo el dinero que no se ha metido en la desfavorecida región del Rif está plantado en cualquiera de los parques, lagos y jardines que espacian este lujoso complejo residencial. El nivel de suciedad de las zonas septentrionales del país es inversamente proporcional a la limpieza de Ifrane. Exclusividad alpina para un destino vacacional creado desde cero por los franceses en 1930, y sitio de veraneo para los marroquíes más acaudalados. Mohammed VI cuenta con un palacio en la cercana estación de esquí de Mischliffen.

Roadventure Morocco Tour: macacos de Berbería en el bosque de cedros de AzrouEl Gouraud es un árbol milenario que domina el Atlas Medio. Este rey colosal pero extinguido es el habitante más famoso de una superficie boscosa en la que habitan los macacos de Berbería. Hace tiempo, se peleaban por un cacahuete. Ahora, ellas van camino de echar el culo de Kim Kardashian y ellos la papada de Falete. Son cientos los turistas que se acercan hasta ellos, desde primeras horas de la mañana, con todo tipo de alimentos mucho más apetecibles que nuestros rancios frutos secos. Ya no buscan comida en las bolsas sobredepósito de las motos, porque están hastiados hasta la gula. Estos monos no pasan hambre, y el desapego con el que rehúsan nuestras bolsas de cacahuetes contrasta con la voracidad que demuestran al degustar todo tipo de dulces y apetitosas galletas industriales. ¡No son tontos estos macacos! La abundancia, además, les ha dulcificado el carácter. Y han pasado de ser unos auténticos cabronazos con malas intenciones a orondos sultanes peludos a los que todos agasajamos con los más selectos parabienes gastronómicos.

Aunque vengo pensándolo todo el camino, cuando veo la ingente cantidad de puestos y espectáculos que hay montados en torno al Gouraud, es cuando me doy cuenta de lo mucho que ha cambiado Marruecos en estos últimos años. El país se ha modernizado y ahora hay más de casi todo. Y eso incluye snacks delicatessen para los cuadrumanos del bosque. Insisto: más y mejor, como las carreteras, que aunque siguen siendo puñeteras en tramos olvidados, cuentan con mejor pavimento y menos socavones gigantes, de esos que parecen impactos de meteorito, capaces de tragarse a un autobús entero repleto de septuagenarios japoneses.

De Azrou a Midelt subimos por un altiplano maravilloso. Me encanta conducir por lugares así. A 2.000 metros nos encontramos con Timahdite. Estamos en el corazón del Atlas Medio. Nuestra caravana de motocicletas se estira como un muelle de algodón cuando atravesamos los dos casi imperceptibles puertos de montaña que jalonan el trayecto. En mi libro “Amazigh”, dando nombre a un capítulo, describí este tramo como “El cielo en tierra”. Poco más que añadir.

Roadventure Morocco TourLa meseta desértica de Midelt nos recibe con las montañas nevadas, a modo de telón de fondo. La imagen es de póster. Es una invitación a viajar en moto. Es la razón y el sentido por el que nos subimos a estas máquinas y nos importa un carajo pasar frío, calor, sed o cansancio. Vivir estas sensaciones no tiene precio, y en ese momento me siento afortunado por compartir con mis compañeros un momento así. Sé que lo que nos falta aún por sentir es bestial. Hemos accedido al Alto Atlas a través del puerto de Talghmet (1.907 m). El desierto está esperándonos, y los lugares que atravesamos para alcanzarlo son decorados irreales. Como el espectacular Foum Zabel, llamado “túnel del Legionario”, excavado a pico en la roca. Permite el paso hasta Er-Rachidia y nos ofrece unas vistas de vértigo hacia el río Ziz y todo cuanto su erosión ha provocado. Los paisajes son lunares. Primitivos. Salvajes. Este es un viaje brutal, que te engancha y se te cuela por cada poro. No hay nada en toda Europa semejante. En cambio, ahí está Marruecos, con su orografía privilegiada y hechizante, al alcance de la mano, regalándonos sus más preciados tesoros. El valle del Ziz, con su río de palmeras trazando un lazo perfecto, te deja sin respiración. Es vida, fertilidad, es un frondoso verdor que se extiende encastrado entre la aridez de la tierra que trata de hacerlo desaparecer a mordiscos.

Los niños se acercan a nosotros en busca de algún dirham a cambio de sus figuritas de dromedario hechas con fibras del palmeral de Tafilalt, el oasis alimentado por el Ziz. Para como han evolucionado otros lugares de interés del país, el mirador aún mantiene su encanto, y no está explotado y masificado comercialmente. Dan ganas de pasar horas observando y sintiendo en el rostro la brisa que asciende fresca desde la tupida alfombra de vegetación que se extiende bajo nuestros pies.

Roadventure Morocco Tour: rumbo al AtlasEl aspecto de las gentes que habitan la zona ha cambiado. Estamos cerca de la entrada al desierto y los rasgos de las tribus nómadas se hacen patentes. Erfoud y Rissani destilan un cierto aire hollywoodiense y de leyenda. Los fósiles, el color de la tierra, su aspecto como sacado de Marte, la “cárcel portuguesa” (Garade Medouar)… todo ello resulta embriagador y ha cautivado a directores de cine, que han utilizado estos decorados naturales en películas de aventuras como La Momia o el Príncipe de Persia. A nosotros la noche ha vuelto a devorarnos y llegamos a Merzouga bajo la atenta mirada de una luna enorme como una gran bola de fuego. Una vez más, nos sentimos como niños que esperan su regalo al amanecer, aunque antes, los riders que avanzan sobre sus “camellos gran turismo” tendrán que superar una pista de arena que aparece en nuestro camino sin avisar. Las K de BMW, no sin dificultades y poniendo a prueba la pericia de sus pilotos, encontraron el efugio necesario y alcanzaron felizmente la kasbah en la que nos estaban esperando nuestros anfitriones.

Las instalaciones de Dar Tafouyte (La Casa del Sol) son de ensueño. Nuestras habitaciones y zonas comunes se ven complementadas con una piscina que en verano se convierte en imprescindible. Antes de marcharnos a dormir, compartimos bromas y anécdotas de la jornada en torno a una mesa donde el tajine nos cae como un maná salvador. Sencillamente delicioso. Durante todos los días del tour hemos comido de escándalo. En abundancia y en calidad. Se acabaron los mitos, los miedos y el Fortasec por palés. Simplemente hay que tener un poco de precaución y beber siempre agua embotellada. La cocina marroquí es exquisita y es una lástima perderse las maravillas que nos ofrece. Una vez más, los chicos de Roadventure acertaron de pleno con la selección de los lugares donde reponer fuerzas.

Roadventure Morocco Tour: en quad por Erg ChebbiAl día siguiente teníamos jornada de descanso… al menos en cuanto a conducción de moto se refiere. Al final, el grupo prácticamente al completo decidió alquilar unos quads para sentirnos “dakarianos” por un día. La experiencia no pudo ser más positiva. Lo pasamos en grande y todos nos quedamos con ganas de más, porque cuando empiezas a cogerle el punto a estas máquinas, es cuando toca regresar al hotel.

Pero debíamos dosificarnos. El desierto nos esperaba nuevamente. Un poco antes de nuestra cita con el atardecer, el grupo aprovechó para hacer algunas compras. Los chicos no pudimos resistirnos a la tentación de cubrir nuestros rostros a la manera de los nómadas del desierto. El turbante azul índigo, utilizado para resguardar del sol y las tormentas de arena al tuareg, se dice que ofrece también protección contra los malos espíritus. Y no sabemos si fue gracias a ese talismán de seda o a la mochila que Carlos llevaba a la espalda, pero lo cierto es que nuestro gallego más entusiasta salió indemne de un percance que pudo tener consecuencias muy serias. Cuando todos habíamos subido a nuestros dromedarios, ilusionados con la idea de introducirnos en el desierto para ver la puesta de sol y dormir en una jaima entre dunas, comprobamos horrorizados cómo el animal que portaba a nuestro amigo se volvía completamente loco. La bestia no paró hasta lanzarlo por los aires. Estábamos aún en un terreno duro. La caída fue tremenda y nos dejó sin habla. Fuimos incapaces de reaccionar, nos quedamos lívidos y bloqueados. Por fortuna, todo quedó en un enorme susto y Carlos pudo completar a pie todo el trayecto hasta el campamento donde nos esperaba una suculenta cena.

Este coruñés encierra una historia personal sobrecogedora. Recientemente perdió a la mujer que amaba de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una cruel enfermedad degenerativa que acabó con la vida de Susana y de todas las ilusiones y proyectos en común que la pareja tenía para el futuro. Carlos, además, es padre de dos niñas preciosas. Sorprende pensar que meses atrás no tenía ni carné ni moto, pero rápidamente encontró en ella un alivio y una válvula de escape para su dolor. Poco después leyó “Amazigh” y supo que algún día viajaría con su propia montura hasta el desierto, en homenaje a Susana. Nunca imaginó que ese momento llegaría tan pronto. Aún recuerdo el día que me contó el drama por el que había pasado. No nos conocíamos, pero aquel testimonio me hizo llorar. De tristeza y de emoción, pues Carlos me confesaba que había encontrado consuelo y una bocanada de fe en las páginas de mi libro. Aquel primer día hablamos durante horas y nos hicimos amigos. Su pasión por el mundo de la moto y los motoviajeros es inmensa. Todo lo vive con un entusiasmo casi infantil, dicho sea sin la más mínima carga peyorativa y sí con la máxima admiración.

Roadventure Morocco Tour: amanecer en el desierto del SaharaMeses después de aquella primera charla, Kike Borrás me propuso acompañarle a un tour por Marruecos. Fue el pasado 14 de enero, durante la presentación de “Amazigh” en la concentración invernal de Cantalejo – La Leyenda Continúa. Kike es un gran tipo e incorpora a sus viajes con Roadventure un componente humanitario, a veces de manera silenciosa. La solidaridad en los viajes es muy importante. Los viajes nos dan tanto que ¿cómo no dar nosotros algo a cambio? Lo entiendo como una opción personal, y no importa tanto si se hace de modo público o invisible. Kike ha trabajado en ONG y colabora activamente con asociaciones y proyectos de ayuda a colectivos desfavorecidos de Marruecos. Eso, unido a su honestidad y ganas por contar con mi participación en el tour, fueron argumentos más que suficientes para animarme a volver a cruzar el Estrecho. Siempre pensé que volvería solo. Pero la idea de regresar, esta vez acompañado por gente especial, me sedujo aún más. Quería compartir toda la potencia del desierto. Dar lo mejor de mí y añadir a esta experiencia íntima un plus de compañerismo y hermandad.

Los días pasaron y la mañana del 16 de febrero escribí a Carlos para hablarle del viaje. La fecha me la ha recordado él. Aquél día le dije: “Querido amigo, dentro de unos meses regresaré a Marruecos, va a ser un viaje muy especial; vamos con un grupo de personas extraordinario. Si quieres y puedes, me encantaría que estuvieras dentro. No tengas miedo por tu falta de experiencia, si es necesario te llevaré a ti y a tu moto en brazos. No temas por nada. Llegarás hasta el desierto. Y al amanecer vivirás de forma privada ese momento de tributo a tu mujer. Y ya nada será igual. Tú no lo sabes, aunque sí lo intuyes, pero el desierto es poderoso y transformador. Si no puedes o no quieres venir, te juro por lo más sagrado que cuando esté allí cogeré un puñado de arena entre mis manos y seré yo quien rinda ese homenaje, a ti y a Susana, y después iré hasta tu tierra para entregártela personalmente”. Carlos se quedó bloqueado y necesitó varias horas para reaccionar. Para él, fue como una señal, y rápidamente se puso en marcha para formar parte de esta historia increíble. Cuando le pasé el contacto de Kike Borrás, comprobó perplejo que los seis primeros números de su teléfono coincidían con el móvil de su mujer.

Así pues, la historia de superación personal de Carlos tenía su continuidad al confirmar su asistencia al viaje. Y más que bautizarse como motoviajero, se ha doctorado. Todos estamos orgullosos de él, por su carácter entrañable, pero también porque nos ha dado una lección de pundonor, coraje y limpieza. Lo ha grabado todo; todo le ha asombrado; nos ha seguido por las rapidísimas curvas del Tichka y ha zigzagueado como uno más entre los endiablados atascos de Tánger, la ciudad que atrapó para siempre a Paul Bowles. Más por su carácter despistado que por falta de habilidad, se ha caído en parado varias veces, aunque antes de que pudiésemos acudir en su ayuda ya tenía su GS800 en vertical. Se ha sobrepuesto a incidencias mecánicas en su moto y ha perdido la cartera en un herrumbroso taxi de Marrakech. Los lugareños lo bautizaron como Alí Babá. Ha sido el “pupas” oficial del grupo. Pero también el personaje más querido, con él nos hemos reído y nos hemos emocionado, y todos le aplaudimos cuando en la comida de despedida, en Algeciras, hizo público su proyecto. Carlos Sánchez ha creado “Ráfagas contra la ELA”, una iniciativa que arranca en Galicia el 9 de mayo –coincidiendo con el aniversario de Susana y Carlos- y que persigue recaudar fondos para la investigación en la lucha contra esta terrible enfermedad.

Roadventure Morocco Tour: amanecer en el desierto del SaharaUna de las imágenes imborrables que nos deja este viaje, sin duda, es la de Carlos alzando los brazos al cielo, sobre una ola rojiza del Sahara, mientras el sol despuntaba en el horizonte. Carlos lo había conseguido. Había conquistado aquel desafío, superando limitaciones y adversidades, y estaba cumpliendo con un ritual seguro que largamente anhelado. Todos contemplábamos desde la distancia, pero nos sentíamos a su lado cada vez que abría la mochila de Susana, enarbolaba una bandera al viento o desplegaba alguna de las camisetas que había traído ex profeso para la ocasión. Allí estaba aquel desierto; su desierto. Allí estaba el amanecer; su amanecer. Como una gran metáfora de la vida. Como un cuento alegórico, un kilómetro cero y un empezar a respirar de nuevo. El desierto ha cambiado muchas vidas. Porque los desiertos, que han de ser siempre atravesados con o sin cantimploras, lo cambian todo. Uno entra náufrago al mar de arena y sale transformado en marinero con rumbo y timón. Indomable y gigante. Los desiertos insuflan fuerza y nos aconsejan al oído durante el resto de nuestra existencia, y nos transforman en estepicursores, nubes enredadas que ruedan mecidas por sirocos amigos. Es imposible no sentir la energía del desierto. Su silencio es tan intenso que no se parece en nada a cualquier otro silencio del mundo. Es un vacío total. Cuando te escapas al monte, o al mar, o a la nieve o decides encerrarte en casa… siempre hay algún sonido alrededor. Aquí no. En la placenta del Sahara, aunque a lo lejos puedan sonar cánticos bereberes o rugidos de jeeps, solo estás tú y el silencio.

Mi amigo Gonzalo Almenara, al que le debo todo lo que soy como periodista y en buena parte también como persona, escribía en su Viejo manual de un tuareg: “Los desiertos tienen mares de estrellas, y dunas que son como nubes, que pasan despacito. Al desierto no se llega, se acaba en él, se naufraga, y nos diluye siempre en la lejanía, como ocurre con los recuerdos, que se hacen líquidos, y el tiempo termina siendo la última imagen. En el desierto el vacío entra como el aire, y se queda, suspendido, en un globo, hasta difuminarte. En el desierto no se puede desear o esperar, salvo que se quiera enloquecer, como los que intentan dejar su huella en la arena del desierto. En el desierto los sentimientos son puros e indiferentes, de supervivencia, ideal para personas con el alma cargada; si no se abandonan y desaparecen. En el desierto no se puede sentir miedo, sólo pánico, porque sólo existimos nosotros en el desierto. En el desierto, según pasamos, terminamos sintiendo todo, al agrandarse los sentidos y transformarnos en paisaje lunar. En el desierto no puedes hacer caso a los espejismos, porque una decepción, al límite del horizonte, suele ser mortal. En el desierto tu voz tiende al rezo o al disparo, según hablas, como en la soledad sórdida del preso en su celda. Lo que tienes es todo y nada en el desierto, que siempre empieza y acaba contigo, en el mismo punto donde estás tú, que te evaporas al menor despiste”.

Roadventure Morocco Tour: Amazigh... el reencuentroAños atrás me adentré en el Sahara junto a Hassan, cuya imagen es portada de Amazigh. Aquella vez, las dunas estaban limpias de huellas y nuestra caravana de dromedarios se reducía a una pareja de animales. Solo había dos pequeños vivacs bajo la enorme duna donde nos cobijamos. Íbamos mi amiga Paz Madrid y yo. Así que una de las razones personales más profundas para regresar a Erg Chebbi era reencontrarme con aquel hombre libre. La idea de mostrarle el libro me ofrecía una emoción indescriptible. Desde España, conseguir la forma de localizarle me llevó algún tiempo, pero logré su contacto. Él no sabía absolutamente nada. Ni del libro, ni de mi llegada.

Gracias a la ayuda del personal de Dar Tafouyte, y también de “Balta”, Hassan supo que alguien había venido desde España con la intención de hacerle un pequeño regalo. Pero tenía que estar en Merzouga antes de las 9 de la mañana, pues teníamos que continuar con la hoja de ruta. Apareció a las 8.30, con su rostro anaranjado y perfecto y su mirada tímida y noble, de niño envejecido. Pequeño como un suspiro, delgado como las patas de un dromedario, completado como un pequeño dios. Hassan había necesitado toda la noche para llegar puntual a su cita. Después tenía que hacer el recorrido a la inversa. Doce horas caminando por el desierto. El mismo desierto que lo crió entre sus brazos y en el que pasó sus 20 primeros años de vida, bajo el techo de las estrellas y una tienda nómada. Hassan no es un impostor ni un mercader de sensaciones. Hassan representa la esencia pura del ser humano. Y estaba ahí, años después, a mi lado, hojeando mi libro; su libro. Dándome las gracias, con su habla pausada y delicada, leve silbido líquido. Con la misma tranquilidad con la que sacó su pañuelo la primera vez para secar las lágrimas cuando me llevaba de regreso a la moto: yo volvía a la placidez de mi casa, pero él vivía allí. ¡Él vive allí, en el desierto! ¿Cómo se puede vivir en el desierto, si apenas aguantamos el calor sofocante de un mes de abril? ¿Cómo se vive a 50 grados? ¿Cómo se supera la soledad y el aislamiento? ¿Cómo se vive con el silencio? ¿Cómo se vive sin calendarios? ¿Cómo se vive en la nada?

Recuerdo con nitidez lo que sentí cuando le conocí. Nada ha cambiado en él. Su serenidad es el alma del desierto hecha carne. Es el desierto en un hombre. Siempre intento descifrar lo que me ocurre por dentro. Aquí, me cuesta. Es una mezcla de felicidad pero también de tristeza; entusiasmo por la vida pero también rabia por la muerte. Supongo que en estos espacios todo se concentra en un mismo punto, latente e ingrávido. Es una emoción angustiosa, de contención y liberación al mismo tiempo. Quiero que Hassan exista siempre. Quiero sentir la libertad como bandera. No quiero perder a los míos; son tesoros que guardo en mi interior. No quiero que nada ni nadie me haga olvidar lo que soy, lo que quiero ser y a dónde quiero regresar cuando mi tiempo acabe. Es un paisaje que veo con total claridad cuando miro hacia dentro, donde no existen tiempos ni distorsiones, como en el desierto. Es como seguir las huellas que aparecen a ambos lados de la cresta de una duna. Con un pie a barlovento y otro a sotavento, un pie en cada mundo. Sombra y luz. Pero siempre luz. Un viaje hacia dentro.

Hassan, amigo mío, volveré. Te prometo que volveré. Y desearé encontrarte exactamente igual que siempre, como un rayo de sol sonriente, ajeno al ruido, alma perfecta. Amazigh.

Texto y fotos: Quique Arenas.-

Roadventure nace en un pequeño despacho en Valencia, entre documentos y correos electrónicos de su anterior trabajo. Kike Borrás decidió dar un giro de 180° a su vida repleta de grandes personas y compañeros de trabajo para iniciar su andadura en solitario en un oficio totalmente diferente. Trabajaba en el sector de las ONG llevando a las organizaciones todo lo necesario para poder desempeñar sus proyectos humanitarios, y sin perder este objetivo, decidió darle el mismo valor a su nuevo proyecto. De hecho, en el Morocco Tour se ha establecido un hermanamiento con “Lolo Biker Project” y todos hemos llevado con nosotros al mono “Lolo”, un simpático peluche que viaja para ayudar a los afectados de accidentes de tráfico en moto.

Desde el comienzo y como premisas fundamentales, Roadventure opera bajo unos valores de humildad y pasión por un trabajo bien hecho. Pronto se incorpora al equipo Balta Ruiz, un visionario y profesional donde los haya, apasionado de los grandes viajes y gran políglota. Desde el inicio decidió formar parte del proyecto simplemente por seguir con su vida más que curtida. Sus 15 años en países asiáticos le han permitido conocer culturas tan diferentes a las europeas que todas las barreras que se le crucen, no solo las atraviesa, sino que las abre para dar paso a los que vienen detrás.

En el calendario para 2017 destacan los tours a Marruecos en dos vertientes, un Morocco tour similar al realizado en Semana Santa, y otra versión más extensa (11 días), donde se presta más atención a los puntos de interés que un viajero no se puede perder, añadiendo el día que pasaremos con una asociación local con la que Roadventure coopera con la infancia marroquí.

Balta Ruiz y Kike BorrásEn cuanto a Europa, el tour Alpes Discovery (100% asfalto) recorrerá los puertos de montaña más emblemáticos del viejo continente, un viaje perfecto para disfrutar con la conducción por las mejores carreteras alpinas.

Y la guinda del pastel: en noviembre el disfrute estará asegurado con motos de enduro en el norte de Vietnam. Se trata del Vietnam Travel Experience. Durante 7 días, se visitará Sapa y sus innumerables montañas repletas de milenarios arrozales esculpidos en las laderas, montando las endureras por pistas preparadas y culminando el viaje en un espectacular día en barco por la bahía de Ha-Long.

A todo esto hay que añadir todos los eventos trail en las instalaciones del parque de enduro BMW motorrad Aras Rural, remarcando las ya famosas gymkhanas y los nuevos Off-days, donde el participante podrá aprender la técnica de montar su maxitrail fuera de asfalto.

El futuro de Roadventure está por escribir, porque “las cosas no valen por el tiempo que duran, sino por las huellas que dejan”. Q.A.-

 

Quique Arenas

Director de Motoviajeros y responsable del Departamento de Comunicación del grupo Ubricar. Durante más de 20 años, en sus viajes por España, Europa y Sudamérica acumula miles de kilómetros e infinidad de vivencias en moto. Autor del libro "Amazigh, en moto hasta el desierto" (Ed. Celya, 2016).

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