Vía de la Plata, la ruta perfecta Vía de la Plata, la ruta perfecta
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Vía de la Plata: autovía A-66La N-630 aglutina todos los atractivos que buscamos los motoviajeros: gastronomía, contrastes paisajísticos, patrimonio, diversidad cultural, magnífica oferta de servicios, buen asfalto… Las aguas del Guadalquivir bendicen nuestra salida y las olas del Cantábrico sellan nuestro viaje. Recorremos durante una semana la Vía de la Plata, la ruta perfecta.

La legendaria N-630 (o la autovía A66 para los comodones con prisa) nos conduce desde Sevilla hasta Gijón (preferimos el sentido sur-norte) a través de un auténtico viaje en el tiempo, un recorrido por la Historia en el que podemos maravillarnos con algunas de las ciudades y municipios más atractivos de España. La Vía de la Plata, uno de los caminos más antiguos de la Península Ibérica, vertebró la comunicación en la Hispania del Imperio Romano y aún hoy, en nuestros días, su trazado continúa siendo una de las grandes referencias en la conexión occidental del eje norte-sur (y viceversa). Si los americanos presumen de su Ruta 66, nosotros contamos con una carretera que, a lo largo de casi 1.000 kilómetros, 4 comunidades autónomas y 7 provincias, crea un itinerario fabuloso: en su discurrir, encuentra varias ciudades Patrimonio de la Humanidad, míticos puertos de montaña, innumerables manifestaciones artísticas y monumentales de primer orden y una naturaleza cambiante que va desde los campos de Andalucía hasta las elevaciones de la Cordillera Cantábrica, pasando por los pictóricos horizontes de la meseta castellana.

Tarjeta Moto Vía Card

En 1997 se creó una asociación denominada Red de Cooperación de Ciudades en la Ruta de la Plata, que cuenta en la actualidad con 26 municipios asociados. Desde 2008 la asociación realiza su labor de promoción conjuntamente con las regiones de Andalucía, Extremadura, Castilla y León y Asturias. Dentro de las iniciativas que desarrolla para los viajeros, sobresale una tarjeta que ofrece descuentos en varios establecimientos para quienes realicen la ruta en moto. Se trata de la tarjeta Moto Vía Card, que opera en empresas afiliadas de diversos sectores: alojamientos, restaurantes, bares, comercio, salud, belleza, espacios culturales y de ocio, talleres y servicios turísticos. Siempre es de agradecer –y justo es resaltarlo- el hecho de que se haya pensado específicamente en los motociclistas: por una parte, pone de relieve la importancia y presencia de la actividad mototurística, que cada vez cuenta con más adeptos; y por otra, constata la importancia de que instituciones y entidades apuesten por el motero como un colectivo amigo.

Vía de la Plata: Pasaporte.Junto a la tarjeta Moto Vía Card, existe un pasaporte que puede ser sellado en los ayuntamientos, oficinas de turismo y alojamientos de las ciudades pertenecientes a la Red. Además de servir como credencial de las etapas, completando un mínimo de diez casillas es posible participar en un sorteo anual, que se realiza siempre a finales de enero. Tanto la tarjeta como el pasaporte no tienen caducidad. Pueden solicitarse a través de la web www.rutadelaplata.com

Para aquellos que desconocen el origen de la Vía de la Plata, conviene aclarar que esta denominación no hace alusión al metal, sino que deriva del vocablo árabe “BaLaTa” (losa, ladrillo), y además es un apelativo de época medieval, una metonimia geográfica (pues inicialmente solo era conocida así en las provincias de Cáceres y Salamanca), posterior al uso del recorrido de época romana.

Encendiendo motores

Iniciamos la ruta en Sevilla. ¿Qué podemos decir de la capital andaluza que no se haya contado ya? Es imposible no caer rendidos ante sus infinitos encantos. Su historia, sus fiestas, su patrimonio artístico, sus gentes, su música y… cómo no, también su genuina gastronomía enganchan nada más llegar. La Giralda, el barrio de Triana, la Torre del Oro, los Reales Alcázares, sus callejuelas encaladas, sus preciosas iglesias y conventos, el tapeo y el incesante bullicio de sus zonas monumentales son motivos más que suficientes para zambullirnos en una ciudad que cuenta con uno de los principales archivos históricos sobre el descubrimiento y colonización de América: el Archivo de Indias.

Vía de la Plata: Sevilla.Sevilla ha sido y es cuna de escritores, pintores y artistas en general. Es una ciudad universal y reflejo de múltiples civilizaciones, épocas y estilos. La tercera más visitada de nuestro país –por detrás de Madrid y Barcelona-, con más de dos millones de visitas anuales y 4,5 millones de pernoctaciones. El turismo es uno de los motores de su economía, ya que representa el 12% de su PIB. Por cierto, si de pernoctaciones hablamos, en lo referido a su amplísima oferta hotelera, desde Motoviajeros recomendamos el Silken Al-Andalus Palace, un moderno y vasto hotel de cuatro estrellas muy cerca del Parque de María Luisa y la Plaza de España. Cuenta con parking privado, algo reseñable para nuestras motos. Las habitaciones son espaciosas y llenas de luz, como la totalidad de unas instalaciones que además cuentan con piscina –ideal para sofocar los calores- y un sinfín de servicios que harán nuestra estancia verdaderamente placentera. El desayuno es variado y muy cuidado.

Sevilla, religiosa y torera, nos recibe siempre con una sonrisa. Y casi siempre con el termómetro en rojo. Es necesario tenerlo en cuenta para no derretirnos con la moto entre las calles de su casco antiguo –el más extenso de España-. Nuestra visita admite tantas variables y tiempos, que resulta imposible establecer un plan estándar. Cada cual que pergeñe sus preferencias. Hagamos lo que hagamos, Sevilla nos conquistará el alma.

La A4 nos dirige a otro enclave bético espectacular: Carmona, una de las ciudades más antiguas de Europa, con 5.000 años de vida. Su patrimonio histórico es tremendo, y las vistas de este armonioso conjunto desde lo más alto del Alcázar (anexionado a la Puerta de Sevilla) nos ofrecen una panorámica de 360º difícil de olvidar, con la iglesia de San Pedro y su “giraldillo” casi al alcance de la mano. En el extremo opuesto se alza la Puerta de Córdoba (construida a principios del siglo I d.C), situada a la salida de la Vía Augusta. Y otro alcázar más, el del Rey Don Pedro –actual Parador de Turismo, cuyas instalaciones respiran arte mudéjar y crean un espacio de relax y confort absolutamente recomendable; su directora, Olivia Reina, es motera y un encanto de persona (¿acaso ambas cosas pueden ir disociadas?); ¡ya solo por eso, el Parador bien merece una visita!-. Y no os perdáis las vistas desde la parte alta de Carmona, desde donde se aprecian a la perfección los alcores (elevaciones del terreno en forma de meseta inclinada), tan característicos de la depresión del Guadalquivir.

Vía de la Plata: Carmona.Pasear por las empedradas calles carmonenses nos brinda la oportunidad de ser privilegiados testigos de un conglomerado arquitectónico único. El convento mudéjar de Santa Clara, las iglesias de San Felipe, San Blas, Santiago, El Salvador y San Bartolomé o la casa palacio del Marqués de las Torres dan forma a una ciudad sorprendente que cuenta, a escasos kilómetros de su núcleo urbano, con una necrópolis descubierta y excavada a finales del siglo XIX por el arqueólogo inglés Jorge Bonsor, Hijo Adoptivo de la ciudad y figura clave en el estudio y recuperación del patrimonio arqueológico y etnográfico de Andalucía. El conjunto no es el único vestigio de época romana, pues Carmona cuenta con un anfiteatro y un mausoleo excavado en la roca, por solo citar. En el apartado del buen yantar, indispensable probar las exquisiteces del Restaurante Tabanco (ubicado en el número 2 de la calle Hermana Concepción Orellana).

Continuamos ruta. Nuestro próximo objetivo es Mérida, pero antes disfrutaremos con varias paradas de interés en nuestro itinerario. En lugar de adentrarnos de inicio en la N-630, una alternativa es tomar la A-462 hasta Brenes y posteriormente enlazar con la A-8002 hasta Castilblanco de los Arroyos. Pero antes, en Villaverde del Río, atravesamos con nuestras monturas un puente sobre el abundante cauce del Guadalquivir. El verdor de los campos y la suavidad de las curvas dan paso, paulatinamente, a grandes arboledas y una carretera con agradables ondulaciones. Estamos acariciando el extremo suroccidental del Parque Natural de la Sierra Norte de Sevilla. Muy atentos porque a la izquierda encontramos un desvío en dirección a El Ronquillo (18 km) que nos sirve para conectar con la N-630. Entramos en Extremadura y ponemos rumbo a Montemolín. Este pequeño municipio pacense cuenta con numerosas ermitas y, sobre todo, un castillo del siglo XII levantado en un promontorio, que actúa como vigía sobre el enjambre de casas de esta antigua villa perteneciente a la comarca de Tentudía. La fortaleza almohade, de grandes dimensiones, cuenta en su interior con unas dependencias que pueden ser visitadas, destacando la mazmorra, el aljibe y la torre del homenaje. A pesar de haber recibido tiempo atrás actuaciones de consolidación, el exterior del castillo se encuentra bastante deteriorado.

En los siguientes 50 kilómetros tenemos varias paradas de interés. En Fuente de Cantos se encuentra el centro de interpretación y la casa-museo de Francisco de Zurbarán, que aunque no cuenta con ninguna obra original del pintor, sí muestra varias reproducciones de sus obras y el aspecto que tenía la vivienda en la que nació el autor del “Cristo en la Cruz”.

Continuamos hasta Calzadilla de los Barros, un municipio que no llega a los 1.000 habitantes, pero que presume de tener una joya de valor incalculable: el retablo gótico mudéjar de la Parroquia del Divino Salvador deslumbra desde el altar mayor con una composición de tres cuerpos que incorpora veintiocho tablas pintadas.

Vía de la Plata: retablo mayor de la Iglesia de la Candelaria, Zafra.Llegamos a Zafra, cuya situación privilegiada servía de nexo para dos de las capitales de provincia más importantes de la Hispania romana: Hispalis (Sevilla) en la Bética y Augusta Emérita (Mérida) en la Lusitania. En la actualidad, con casi 17.000 habitantes, la antigua Segeda mezcla el trasiego de sus arterias comerciales con el silencio de conventos y edificios históricos. La ciudad fue nombrada Conjunto Histórico Nacional en 1965. Entre otras muchas razones, gracias a su impresionante Colegiata de la Candelaria, en cuyo interior destacan los retablos de la capilla de la Virgen de Valvanera (barroco, de la escuela de José de Churriguera), y el llamado de Zurbarán o de los Remedios, con lienzos del célebre pintor fuentecanteño. Muy recomendable pasear entre las arquerías de la Plaza Grande y también las de la Plaza Chica y, cómo no, contemplar la majestuosidad del Alcázar de los Duques de Feria, un soberbio baluarte almenado de planta cuadrangular, con una enhiesta torre del homenaje de casi 30 metros de altura. Impresiona la pequeña capilla de la Sala Dorada, con una cúpula gótico-mudéjar fantástica. El edificio es en la actualidad Parador de Turismo.

Durante nuestra visita nos encontramos con tres moteros polacos dando vueltas, de plaza en plaza, callejuela en callejuela, mapa en mano y cerveza fresca en mente. Señal de que Zafra no pasa desapercibido en la hoja de ruta, tampoco para los motoristas foráneos.

Seguimos. Alcanzamos Los Santos de Maimona, aunque a bote pronto pensemos que hemos viajado a Barcelona si miramos fijamente el Capricho de Cotrina, una construcción que evoca a Gaudí. El casco histórico de este municipio integrado en la Vía de la Plata conserva numerosos ejemplos de arquitectura popular, con típicas casas señoriales y blasonadas, casi todas ellas encaladas.

Roma en Mérida

Vía de la Plata: teatro romano, Mérida.A 60 kilómetros aparece Mérida, una de las ciudades más arrebatadoras de España, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993. Toda ella es una especie de museo al aire libre, una pequeña Roma, un decorado gigantesco que nos transporta a gloriosas épocas pretéritas. La Emérita Augusta en la que pensó el emperador Octavio Augusto muestra esplendorosa sus tesoros más preciados: templos, foros, arcos, calzadas, acueductos, columbarios, innumerables edificios civiles y religiosos, el puente romano sobre el río Guadiana… pero sobre todo, su imponente teatro y anfiteatro. Quedamos con Marta Acosta, directora de Promoción Turística, a quien acompañamos en un recorrido de ensueño por la capita autonómica de Extremadura. El arco de Trajano y el Templo de Diana se mezclan inesperadamente con las calles y viviendas de nuestro siglo XXI, ante la perplejidad del turista.

El Museo Nacional de Arte Romano nos ayuda a comprender cronológica y temáticamente el mundo romano. Y lo hace de una forma didáctica y amena, a través de una ingente colección de piezas de numismática, orfebrería, cerámicas, esculturas, mosaicos, e incluso una cripta. El edificio está firmado por el arquitecto Rafael Moneo y es, sin duda, de visita obligada.

En el apartado gastronómico, recomendamos el restaurante A de Arco, pegado literalmente al arco de Trajano, un establecimiento de moda que tiene bien ganada su reputación. Por cierto, subrayar que en 2016 Mérida ha sido nombrada capital iberoamericana de la cultura gastronómica.

¿Cómo olvidarnos del Festival Internacional de Teatro Clásico? Dirigido por Jesús Cimarro, en 2016 celebra su 62º edición del 6 de julio al 28 de agosto. Se trata del festival de teatro clásico más antiguo de España y el más importante de su género, que utiliza el teatro romano para las representaciones; es el teatro más antiguo del mundo que sigue siendo utilizado como tal. En 1933 tuvo lugar la primera convocatoria con el estreno de la obra Medea, de Séneca. A pesar de un parón de 19 años por tensiones políticas, en 1953 recupera su actividad para convertirse en una referencia mundial de las artes escénicas. En 2016 cuenta con una ambiciosa y ecléctica programación, que incluye un concierto de Ara Milikian (8 de agosto) o la representación bajo la dirección de José Carlos Plaza de La guerra de las mujeres (Lisístrata, de Miguel Narros), con un reparto plagado de caras conocidas, como las de Estrella Morente y Antonio Canales.

Decimos adiós a Mérida rodeando la pequeña escultura de la loba capitolina para dirigirnos al Casar de Cáceres, donde podemos visitar el Museo del Queso. El producto estrella, lógicamente, es la Torta del Casar, que cuenta con Denominación de Origen Protegida.

Plasencia, sorprendente

Vía de la Plata: Plasencia.La plácida Plasencia marca el ecuador de la ruta. No de manera exacta en cuanto a kilometraje, pero sí por sensaciones. Quedamos con Ismael Martín, guía de la Oficina Municipal de Turismo. Ismael es un tipo increíble, de esos que la gente saluda por la calle cada dos metros; de esos que no te cansas de escuchar; de esos que merece la pena conocer. Las propias dependencias que albergan el punto de información, su centro de trabajo, son en sí mismas un lugar que bien merece una visita, así que ya sabéis, nada más llegar a la ciudad, os recomendamos que vayáis directos al edificio, situado en la calle de Santa Clara, número 2.

Bañada por el río Jerte, Plasencia es uno de los grandes enclaves de la Ruta de la Plata y un magnífico punto de partida para conocer el valle de cerezos más popular de España, las Hurdes, Sierra de Gata y la comarca de la Vera. Sin olvidar que Monfragüe también nos queda cerca.

Enmarcada en la Red de Juderías de España, cuenta con tantísimos atractivos que uno no sabe muy bien por dónde empezar. La Catedral Vieja (siglos XIII-XIV) y la Catedral Nueva (siglos XV-XVI), el Museo Catedralicio, la Torre Lucía, sus parques… La historia de cada uno de sus edificios y rincones es tan prolija que lo mejor es recurrir a un folleto informativo, con mapa integrado, para comprender los capítulos que salpican el devenir de una ciudad donde la vida está marcada por el abuelo Mayorga. Sí, el abuelo Mayorga, un personaje popular de la ciudad que da las horas desde la Plaza Mayor, abrazado a la torre campanario del Palacio Municipal.

Entre los soportales de este neurálgico espacio público hay una suculenta oferta de establecimientos hosteleros. Nos vamos a cenar al Restaurante Succo (Calle Vidrieras, 7), una propuesta actual con una cocina muy cuidada que fusiona el encanto de lo tradicional con un toque vanguardista. El menú degustación, que incluye ibéricos y una selección deliciosa rematada con un postre de escándalo, merece un diez.

El Parador de Turismo es un capítulo aparte. Está ubicado en las entrañas del convento de San Vicente Ferrer, un conjunto monumental del siglo XV compuesto por el propio convento, la iglesia de Santo Domingo y el palacio Mirabel de la familia Zúñiga. Si todos los hoteles de este rango imbricados en espacios históricos son en sí mismos un deleite, el Parador de Plasencia se lleva la palma. Desayunar en la sala capitular parece una escena sacada de una película. La escalera volada de granito (1577) es una de las más bellas de España. Y caminar por las galerías, contemplando la perfección del claustro y la decoración de los espacios comunes, un auténtico viaje en el tiempo. Plasencia es mucha Plasencia. Dedicadle tiempo. Lo merece.

Vía de la Plata: Museo de la moto y el coche clásico,Hervás.Poco a poco, sin interrupciones, la mochila de las grandes sensaciones va llenándose depósito a depósito. Y eso que aún ni tan siquiera hemos completado el hemisferio del viaje. Por delante tenemos Hervás, posiblemente uno de los marcos moteros más visitados de Extremadura. La razón es sencilla: el entorno natural que lo rodea y su precioso acceso desde el valle del Jerte a través del puerto de Honduras, su barrio judío (Hervás es Conjunto Histórico Artístico patrimonial con la categoría de Bien de Interés Cultural desde 1969) y, cómo no, su Museo de la Moto y Coche Clásicos, inaugurado por Julio Gil Moreno, ebanista y enamorado de los medios de locomoción que marcaron una época. Más de 300 piezas expuestas en diferentes pabellones, donde el visitante podrá contemplar auténticas joyas restauradas y resucitadas por las manos, el trabajo y el esmero de Julio Gil. Desde las primeras Harley-Davidson hasta las BMW utilizadas en los períodos de guerra, pasando por las unidades iniciales de Derbi, Ducati y un buen número de fabricantes de motocicletas, algunos tan insólitos como Scott Squirrel, Douglas o las hermosas Alma…

Y de Hervás a Béjar, pasando por Baños de Montemayor, una pequeña localidad que cuenta con termas y calzada romana. Béjar se alza imposible sobre la escarpada, como una rama de roca edificada. El Palacio Ducal y el Bosque, sus murallas árabes, la Plaza Mayor y sus iglesias en las que se mezcla lo barroco y lo mudéjar buscan su espacio en el exiguo crestón que se precipita hasta el río Cuerpo de Hombre. Sí, sí, ese es su nombre. A poca distancia del entramado urbano aparece entre la foresta de “El Castañar” la plaza de toros más antigua de España (1667).

Y así, con el mundo por montera, ponemos rumbo a la meseta castellana. En el horizonte aguarda ya Zamora. La llanura se extiende a nuestro alrededor como una alfombra que nos transporta en volandas hacia las tierras del norte. Largas rectas donde los pensamientos se agolpan bajo la calota del casco, bajo el vuelo ingrávido del milano, que a veces parece suspenderse inmóvil en una burbuja de aire. Son momentos para digerir las vivencias y soñar con las nuevas que esperan en las siguientes etapas. O para no pensar absolutamente en nada, que también ocurre. Busco el espejo retrovisor y veo a mi compañero, Antonio J. Borrego, mirando ligeramente a un lado y a otro de la carretera, con su preciosa Honda Varadero volando sin sobresaltos por el alquitrán. Hinchado de grandes momentos. Pasamos Salamanca, nuestro destino está en la ciudad del Duero.

Vía de la Plata: Catedral de Zamora.Zamora es uno de los mayores y más hermosos exponentes del románico. Su catedral recorta el horizonte con su majestuosa cúpula de inspiración bizantina como seña de identidad, con su casco cubierto de escamas y crestones, que fue imitada en la Colegiata de Toro y en la Catedral de Plasencia, tal como pudimos comprobar. A su lado, el castillo emerge entre las murallas desde el reinado de Fernando I. Desde sus alturas, las vistas a la ciudad son inmejorables. El centro histórico está jalonado con algunos de los ejemplos de arquitectura románica más hermosos de la península. Basta con acceder al interior de los templos para abandonar el bullicio peatonal y sumirse en el silencio de intramuros. El sepulcro de La Magdalena nos deja mudos. Su decoración y las representaciones alegóricas que rodean la figura del anónimo difunto han resistido el paso del tiempo, y aún hoy pueden intuirse las policromías que originalmente adornaban este bellísimo dosel pétreo. Pero hay otras huellas alternativas que también pueden seguirse, pues Zamora no es solo capital del románico. De hecho, la ciudad está integrada en la Ruta Europea del Modernismo, y en su viario se alzan notables inmuebles, como la casa de Juan Gato, la casa de Faustino Leirado, el Casino o el Mercado de Abastos, entre otros muchos. El auge de estas construcciones tuvo lugar gracias al desarrollo urbanístico que experimenta la ciudad a mediados del siglo XIX, tras la llegada del ferrocarril, la aparición de nuevas industrias y la consolidación de la burguesía.

También es posible cursar una ruta que tiene como eje vertebrador al río Duero: las vistas de la catedral desde San Frontis, el contraste entre el moderno puente de los Poetas y el vetusto puente de Piedra (s. XIII), las aceñas –o molinos- de Olivares… todo resultará más cercano desde nuestras motos.

Clases de vida con Herminio Ramos

Fijémonos en las esculturas de la parte alta. Destaca la de Viriato, en la plaza homónima, que representa al celebérrimo caudillo que se conjuró contra los cónsules romanos. En la Plaza Mayor, a los pies de la iglesia de San Juan, encontramos la escultura del Merlú, una pareja de congregantes de la Cofradía de Jesús Nazareno que procesiona en la madrugada del Viernes Santo. No olvidemos que la Semana Santa de Zamora está declarada Fiesta de Interés Internacional y Bien de Interés Cultural. Pero si hay una escultura singular y apreciada, esa es la de Herminio Ramos Pérez (La Tuda, 1925), ubicada en la plaza de San Ildefonso. Cronista oficial de Zamora, maestro jubilado, impulsor de la feria de la cerámica, concejal y delegado provincial de Cultura, autor de varios libros y centenares de artículos periodísticos, conferencias y charlas sobre Historia, es uno de los personajes más queridos por los zamoranos.

Vía de la Plata: conversando con Herminio Ramos.En ocasiones ocurre que Herminio pasea junto a su propia escultura ante el asombro de quienes contemplan la escena. La foto está servida. Y en ocasiones, además, uno tiene la enorme fortuna de escuchar la palabra del maestro. Eran las 20:05 horas de un jueves cálido de mayo, un 26 especial (“Sin cronología, no hay Historia”, Herminio dixit), cuando un hombre menudo, impecablemente vestido con traje, chaleco y camisa abotonada hasta el cuello, caminaba ayudado por su bastón a escasos metros de su alter ego de bronce. Iba silbando, en su mundo apacible, con la mente alejada de todo. Nuestra guía, Estrella Torrecilla, aligeró el paso y nos llevó al encuentro con Herminio. Fueron los mejores 20 minutos de todo el viaje, de todo el mes, y posiblemente de todo el año. Nos presentamos, y al instante la prodigiosa máquina de precisión nemotécnica que opera en la cabeza de este humanista comenzó a desglosarnos sus peripecias a bordo de una Vespa: “La tuve los durante los años 56, 57, 58 y 59; llegué incluso hasta Madrid en unas Navidades, ¡con todo nevado!”. Herminio ha sido mil cosas en la vida… ¡incluso motoviajero! Nos habló de motos, de Historia… y nos dejó una de esas frases que te dejan tambaleando: “Os engañarán muchas veces, os mentirán, pero vosotros seguid vuestro camino, sabed siempre a dónde queréis llegar y no os detengáis”. Antonio y yo nos miramos, con un nudo en la garganta. Fuimos incapaces de contener las lágrimas mientras Herminio, aquel hombre menudo, aquel hombre inabarcable, se marchaba, silbando, en su mundo apacible, como si tal cosa. Estrella contemplaba la escena, aquella improvisada lección de vida, sonriendo, como queriéndonos decir… “¿Veis? ¿Cómo no se va a merecer este hombre un monumento?”.

Recogimos nuestras motos, que estaban aparcadas en la Oficina de Turismo, y retomamos la N-630 en un tramo anodino e insulso que debía conducirnos hasta Benavente. Vimos pasar el kilómetro 239, y nos dimos cuenta de que nuestra velocidad de marcha era más lenta de lo habitual. Para nosotros la carretera, en esos momentos, se transformó en la más bella del mundo. No queríamos llegar nunca. No queríamos parar de conducir. Íbamos levitando, recordando a Herminio, mientras el sol descendía lentamente sobre la línea de horizonte y las últimas nubes del día se teñían de cromatismos anaranjados, a poniente, y como rosáceas pompas de algodón, a levante. Paramos a contemplar el ocaso. Una agradable brisa mecía los pétalos de las amapolas. El mundo era un regalo. Vaya forma de acabar el día. Qué momentos de felicidad. Cuántas cosas alucinantes le debemos a los viajes.

Llegamos a Benavente, cenamos y nos fuimos a dormir masticando en la mente las palabras del maestro. Trasladándolas a nuestras vidas, a nuestras ilusiones, a todo aquello en lo que creemos firmemente y por lo que nos dejamos la piel, con idénticas dosis de esfuerzo y pasión, reafirmando el compromiso con nuestros principios. Gracias Herminio.

Al día siguiente, contemplamos la Torre de Caracol y tratamos de acceder al corazón de la ciudad. Pero fue imposible. Benavente celebraba las fiestas del Toro Enmaromado (declaradas de Interés Turístico Regional) y todo estaba cortado al tráfico, así que aquella mañana el único patrimonio que pudimos saborear no fue el monumental, sino el de las emociones, el de las palabras. Y así, dejamos atrás la provincia de Valladolid y nos adentramos en tierras leonesas.

La Bañeza huele a moto

Vía de la Plata: La Bañeza.La Bañeza huele a moto. Y a gentes adorables. Nada más llegar, obnubilados, ajenos al GPS y semianestesiados aún, preguntamos a una chica cómo llegar a la Oficina de Turismo. Sin pensárselo dos veces, entró a una vivienda a por las llaves de su coche y nos llevó hasta la misma puerta. ¡Gracias Arancha, te debemos una!

En La Bañeza se celebra la única carrera de toda España que se corre íntegramente en circuito urbano. El libro “Ecos de una pasión. De cómo el Circuito Motorista Bañezano llegó a cumplir 50 años”, de Óscar Falagán, narra a la perfección la historia del Moto Club Bañezano y las carreras de motos en las calles de la ciudad. También el documental “El Gran Premio de la Bañeza” recoge la esencia de este sueño hecho realidad desde mediados del siglo XX.

Y hay más, precisamente a finales de mayo se ha puesto en marcha “Motancas”, una singular iniciativa que tiene formato de concentración motogastronómica. Y más aún: conviene no perderse la exposición de motos clásicas instalada en el Centro de Interpretación de las Tierras Bañezanas, ubicado en la antigua fábrica de harinas “La Única”, rehabilitada y acondicionada con acierto para albergar este fabuloso espacio de promoción turística.

Nos despedimos de estas gentes amigables y vamos al encuentro de León. En apenas 40 minutos pasamos de la serenidad del pueblo al estallido de la gran ciudad. Aparcamos muy cerca de la Casa Botines, de Gaudí, y caminamos hasta la catedral de Santa María, siempre esplendorosa, mil veces fotografiada. Sus vidrieras son únicas en el mundo. Hay muchísimo por ver en León, pero focalizamos nuestra visita en descubrir los restos romanos de la ciudad, como las termas romanas de la plaza de Regla, a los pies de la catedral. Comemos en un restaurante un rico y abundante menú que nos sabe a gloria. Me siento como Obelix, orondo por el atracón culinario y rodeado desde hace días de –restos- romanos. No comí jabalí, pero sí delicioso picadillo de carne. Por fortuna, no utilizo calzones blanquiazules sino un efectivo pantalón Held que me cuesta abrochar al terminar la ingesta. Un paseíto para quemar calorías y de nuevo sobre nuestras motos, que es lo que nos gusta. Viajar, para ir de acá para allá, viendo, palpando, sintiendo, absorbiendo. No es solo moverse. Es moverse por algo y para algo.

La Pola de Gordón nos da la bienvenida a la imponente Montaña Central. El valle del río Casares y los hayedos que en otoño tamizan el suelo nos muestran una orografía desconocida hasta el momento en lo que llevamos de ruta. Esta es la magia de la Vía de la Plata: un universo de contrastes, rico y seductor.

La N-630 se dispone a enfilar uno de los puertos más emblemáticos del tercio norte: Pajares. La ascensión desde tierras leonesas oculta el espectáculo de afilados picos que se contempla desde la cima del puerto, aunque en muchas ocasiones una densa niebla complica las cosas. Es bueno parar, bajarse de la moto y observar durante unos minutos la danza vertical con la que nos recibe Asturias. Nos disponemos a entrar en el paraíso. Y lo hacemos lanzándonos por las interminables rampas de descenso del puerto en su vertiente norte, camino de Lena. Una fina llovizna nos recuerda por qué esta tierra bendecida por los dioses está cubierta por un manto verde. Por qué el agua salta como un pez juguetón junto a las carreteras. Por qué los bosques son un inmenso y salvaje jardín por el que perdernos con nuestras motos.

Vía de la Plata: Santa Cristina de Lena.Pero no nos despistemos. Hay un alto en el camino que se guarda como un secreto. Es la iglesia de Santa Cristina de Lena, declarada Patrimonio de la Humanidad. Necesitamos abandonar la vía principal y zigzaguear hasta acceder a la colina donde se alza victoriosa, como un tesoro escondido, esta maravilla del románico asturiano. Todos sus espacios cuentan con bóvedas de cañón sobre arcos fajones. Sus fuertes muros en torno a un cuerpo único apenas dejan pasar la luz al interior, que presenta una nave elevada a la que se puede acceder a través de unas escaleras. La guardesa de esta joya, Inés, que es una señora guapísima y risueña, nos muestra la iglesia como quien muestra a un hijo. Sus ojos tienen el mismo brillo que la hierba inundada de margaritas que rodean a Santa Cristina. Son como dos gotas de rocío, que encierran toda una vida de venerable sabiduría de campo. Tenemos tanto que aprender de los mayores… Este viaje nos está enseñando el valor del respeto y la admiración hacia las personas que vamos encontrando en el camino. Los viajes también son las personas. En este viaje están Luisa, Ramón, Carolina, Carlos, Ana, Olivia, Marisol, Marta, Ismael, Miriam, José Antonio, Patricia, Estrella, Herminio, Orlando, Almudena, Alicia, Montse, Valeria, Darío…

Desde Santa Cristina nos perdemos sin perdernos por las carreterinas que han de introducirnos, a través de un laberinto que se retuerce entre valles, en el interior del gigante: el Angliru. Un monstruo convertido en rompepiernas, santuario de ciclistas y escenario de grandes gestas durante la Vuelta a España. El Angliru es tan impresionante que tendrá un capítulo propio en Motoviajeros.

No muy lejos se creó el Museo de Fernando Alonso, en Llanera, con casi 300 piezas del piloto asturiano, un circuito de karting y el campo de golf de La Morgal. Una visita imprescindible para todos los amantes de la Fórmula 1.

Gijón: historia, mar, gastronomía…

Estamos deseosos por llegar a Gijón, nuestra imaginaria línea de meta en esta singladura de punta a punta, de sur a norte, del Guadalquivir al Cantábrico. Atrás quedan cientos de kilómetros y un buen número de intensas experiencias. Avanzamos bajo un diluvio, a 8ºC, anhelando los 37ºC de Sevilla días atrás pero sin maldecir. Los recuerdos de una semana inolvidable pasan ante nuestros ojos como las pompas de agua que resbalan en nuestras viseras. Es el bautismo redentor del cielo asturiano. Pero aún nos queda otro bautismo, este algo espirituoso: el de los culines que nos sirven en la Sidrería La Galana (Plaza Mayor, 11), durante una cena que nos resucita de la zozobra y el frío.

Al día siguiente visitamos el barrio de Cimadevilla. Nubes y claros; claros y nubes, y así, mirando al cielo casi tanto como a la tierra, visitamos la casa natal de Jovellanos y llegamos hasta el Elogio del Horizonte, la ciclópea escultura de hormigón creada por Eduardo Chillida, polémica y cuestionada en su inauguración, pero convertida hoy en día en uno de los iconos más representativos de Gijón.

Vía de la Plata: Gijón.En el mismo extremo, escoltando a la playa de San Lorenzo, la iglesia de San Pedro es un bello templo que se levanta prácticamente sobre un yacimiento del siglo I. Las termas de Campo Valdés revelan curiosos aspectos de estos baños públicos, como las “habitaciones de calor” de la sudatio. Sin duda, un buen broche para cerrar nuestro recorrido por esta ruta de origen romano.

Pero antes de poner el punto final, toca disfrutar una vez más con las bondades de la gastronomía gijonesa. En el barrio del Carmen hay un establecimiento garante de la cocina tradicional asturiana, con una carta cuidada donde los productos frescos crean unos platos antológicos: pulpo de pedreru braseado, rape con bugre, merluza con cocochas o en salsa de oficios… Hablamos de Casa Víctor, que acumula galardones como el Urogallo de Bronce, el Cucharón de la Cofradía de la Buena Mesa del Mar o el reconocimiento de las famosas Guías Campsa y Michelin. El menú del día, actualizado a diario en su web, sale por 16 euros.

Cae la noche sobre Gijón. El barrio de Cimadevilla se convierte en un imán para los jóvenes, y la música sale de los locales de copas para recordarnos que hay juerga para el que la quiera. Nosotros preferimos dar un agradable paseo, haciendo balance de una semana donde la moto nos ha permitido revivir una ruta cargada de Historia. Lo pensábamos al comenzar, lo afirmamos al terminar: la Vía de la Plata es la ruta perfecta. Y más perfecta aún para períodos vacacionales, ideal para los meses de verano o la Semana Santa. En Motoviajeros os brindamos este reportaje a modo de guía; esperamos que os sirva como acicate y que tardéis entre poco o nada en incorporarla a vuestros planes futuros. “Apresúrate con calma”, que dijo hace siglos el emperador Augusto.

Texto y fotos: Quique Arenas // Acción: Antonio J. Borrego. (ver revista)

Quique Arenas

Director de Motoviajeros y responsable del Departamento de Comunicación del grupo Ubricar.
Durante más de 20 años, en sus viajes por España, Europa y Sudamérica acumula miles de kilómetros e infinidad de vivencias en moto. Autor del libro “Amazigh, en moto hasta el desierto” (Ed. Celya, 2016).

  • Francisco

    4 octubre, 2016 #1 Author

    Yo también hice la Ruta de la Plata este verano. Espectacular sin duda alguna.

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