Charly Sinewan: “Vivo en un sueño” Charly Sinewan: “Vivo en un sueño”
FacebookTwitterEmailMasFacebookTwitterEmailMasCharly Sinewan es uno de los rostros más populares, respetados y queridos del espectro motoviajero. Inmerso en una vuelta al mundo sin fecha de... Charly Sinewan: “Vivo en un sueño”

Charly SinewanCharly Sinewan es uno de los rostros más populares, respetados y queridos del espectro motoviajero. Inmerso en una vuelta al mundo sin fecha de caducidad, su historia -y las intrahistorias que nos cuenta- son seguidas por miles de personas de todo el mundo. Para él, la moto es su casa, su oficina y su vida. Hablamos de miedos, amor, sueños y putadas en una entrevista repleta de confesiones personales. Así es Carlos García Portal por dentro. Texto: Quique Arenas // Fotos: Quique Arenas y Charly Sinewan.

Con Charly Sinewan (Carlos García Portal, Madrid, 1975) no basta sentarse frente al ordenador, escuchar la grabación de la entrevista, consultar las notas y convertirse en un taquígrafo indolente. Bajo su aparente normalidad, un iPhone 6 con pantalla rota, sus vaqueros y sus camisetas de algodón, como sacado de un concierto de Eddie Vedder -no sabemos si del público o del escenario- y ese aire mesiánico, se esconde una persona que desprende un aura cautivadora. Charly Sinewan es algo más que un viajero impenitente. Más que el reciente ganador de los Premios Vlogger en la categoría de viajes. Más que el celebrity de Vanity Fair. Más que la guinda al pastel de los BMW Motorrad Days 2016 de Formigal. Más que un embajador de grandes marcas (“Nunca he enviado un excel”, revela)…. Charly, por encima de todo, es una persona extraordinaria. Camuflado bajo la apariencia de hombre corriente, eso sí. Es difícil no quererle. Aún sin conocerle. Basta ver lo que hace y cómo lo hace. Tal vez por ello miles de seguidores conocen sus aventuras desde que en 2009 emprendiese su gran vuelta al mundo en moto. Y otro mundo, el de las redes sociales y los nuevos canales de comunicación, es el que ha contribuido a forjar al personaje que hoy es y a crear ese barrio 2.0 donde también hay vida, amistad y emociones.

Charly SinewanHay una imagen que resume a la perfección el grado de comunión de Charly Sinewan con sus seguidores. Algo así como lo que ocurrió en Woodstock, cuando Jimi Hendrix clausuró aquellos transformadores “tres días de paz, amor y música”, celebrados en una granja de Bethel (condado de Sullivan, estado de Nueva York). Esta vez, la historia tenía lugar en una abarrotada carpa instalada en las instalaciones de los BMW Motorrad Days. Solo bastó que Charly pusiera un pie en el escenario. Llegó como se marchó, con una ovación que parecía no tener fin. Porque a Charly, al igual que a Hendrix –el propio músico lo contaba–, se le perdonan hasta los errores, a pesar de que a él, meticuloso con su trabajo, la perfección le preocupa. En su ponencia en Formigal mostró mucho, pero menos de lo que él hubiese querido. Aún así, durante casi dos horas la gente vibró con él y sus historias de personas anónimas. Sus héroes anónimos.

Después, concertamos un encuentro y dialogamos de cosas que no se tocan, que no se ven, pero que son el motor de la vida, dejando que las preguntas y las respuestas fluyesen de modo espontáneo, sin filtros. Como es él. Le pedí solo cinco minutos, sin guión preestablecido. Me regaló cuarenta. Charly Sinewan es generoso hasta para las entrevistas, aunque esta, según confesó tras un emotivo abrazo de despedida, terminó convirtiéndose en una terapia. De fondo sonaba blues. No era Hendrix. Pero sonaba blues. He necesitado catorce días para poder completar esta entrevista. Imposible ser un taquígrafo.

El cambio de vida que has experimentado a lo largo de estos últimos años es gigantesco. Asumiendo que tal vez Charly ha reemplazado a Carlos, ¿cómo ves tu futuro?
No miro hacia delante. Vivo al día. Antes no era así, antes miraba y me daba mucho vértigo, aunque tengo una amiga que asegura que digo vértigo cuando quiero decir miedo. Me planteaba mucho el futuro: ‘¿qué va a ser de mí?’ y ese tipo de cosas… Pero desde que cambié [refiriéndose al inicio de su vuelta al mundo], no miro. [En este momento, Charly continúa como si él mismo supiera que es necesario hablar del amor]. Estoy en una senda en que la vida de pareja y de familia es muy difícil que me pase; puede pasar, por supuesto, pero no estoy en el camino correcto. Si quisiera que eso pasara, debería ir por otro lado. No me preocupa, pero de vez en cuando me lo planteo.

Charly Sinewan¿Te consideras libre de miedos?
Eh…Hum… sí. [Tras una breve pausa y una rápida lucha entre la certeza y la duda, rectifica]. Bueno, tengo miedo por supuesto a que ocurran ciertas cosas, como que una enfermedad me fastidie lo que me hace feliz, que es vivir libre. Tengo miedo a perder la libertad. Y la puedo perder por decisión propia, aunque es cierto que hay variables que no dependen de uno mismo. Esos podrían ser mis miedos, lo que pasa es que no están en mi cabeza todo el tiempo, ni muchísimo menos.

¿Pero miedo físico, cero?
Cero, nada.

Sorprende y fascina que menciones el miedo a perder tu libertad.
Sí, no quiero dejar de hacer lo que me da la gana.

En un mundo donde existen compromisos comerciales, patrocinios y en el que te debes incluso a tu propia imagen, visto desde fuera pareces tenerlo todo controlado. De una manera completamente natural. Como si todo estuviera en su sitio.
Lo está, pero a veces saltan alarmas. Me he ido a América en alerta amarilla. Estando desbordado. Y este proyecto de vida que he creado se basa precisamente en no estar desbordado. Yo adoro tener patrocinadores, primero porque me permiten vivir como yo he decidido, pero también porque son parte de un proyecto en el que creo: esto no tiene nada de hippie, se trata de contar una historia. Además tengo una relación con ellos admirable. Si cuento realmente cómo son las cosas, habría gente que no se lo creería. Llevo siete años patrocinado de una forma u otra, pero muy en serio, tres, y nunca ha habido un excel en ningún mail. Yo supongo que ellos están contentos con lo que hago; lo cierto es que nadie me dice lo que tengo que hacer, eso es increíble. Entonces, ¿cuál es la alerta que me salta? Que me desborde el trabajo y me quite de mi verdadero trabajo, que es ser feliz. Pero a veces ocurre que me confundo con los tiempos. En la charla [en referencia a su ponencia de Formigal] me pasó: me confundí por completo, era muy larga, tenía que haberla acortado y no supe hacerlo; creí que me iba a dar tiempo a contarlo todo y luego no fue así… Y con los viajes y la edición de los vídeos me pasa igual: siempre pienso que lo puedo hacer más rápido de lo que luego puedo hacerlo.

Charly SinewanHablemos del tiempo y del contraste tan inmenso que existe entre nuestra sociedad y esos otros lugares que tú tan bien conoces, como África. Allí, en muchos sitios, se vive sin tiempo. Tú lo asumiste, pero coexistiendo con los tiempos que imperan en nuestro mundo moderno, repleto de horarios y calendarios, y también con la necesidad que tienes de subir lo que te pasa y lo que necesitas mostrar. ¿Cómo has logrado encajar esas piezas tan antagónicas?
Hay un mediometraje de Javier Fesser llamado Binta y la gran idea (2004), que está narrado en la voz de una niña senegalesa. Ella dice que su padre observa a las aves migratorias, que son muy sabias, porque cogen lo mejor del norte y lo mejor del sur. Es decir, ni todo es malo aquí, ni todo es bueno allí… creo que lo ideal es la mezcla de ambas cosas. Yo estoy con un pie en el sistema. Hay un ejemplo muy bonito: toda la costa este la bajaba sin tarjetas móviles, no compraba teléfonos, y es genial viajar sin móviles, porque te paras en cualquier sitio y no tienes ninguna inercia de subir una foto, mirar Facebook o el mail… ahora ya siempre llevo una SIM card porque tengo que estar en contacto con el mundo de ’aquí’ y, sobre todo, porque me permite tener una misión y no estar deambulando por el mundo sin más; ser feliz y que la gente se distraiga con lo que hago.

Dentro de esa misión, de forma voluntaria o no, también parece que está implícito resaltar que hay gente buena y que el mundo puede ser mucho mejor. En un planeta que está asolado por las guerras, por las dificultades, por el pesimismo, por problemas de toda índole, ese mensaje tuyo está ahí. Y ese mensaje, que tú incorporas de manera desafectada a tus charlas, entrevistas y vídeos, es valiosísimo.
Transmito lo que veo, esa es la realidad. Mi misión es retransmitir lo que veo.

No es solo eso. No es algo pasivo. Porque si hay que conseguir una piki piki que cuesta 1.000 dólares para que una mujer africana no tenga que caminar varios kilómetros hasta llegar a casa después del trabajo, pones en marcha un microproyecto y logras, con la ayuda de tus seguidores, ayudar a los demás.
No puedo poner eso en valor. De hecho, tengo mucha alergia a los viajes solidarios, por muchas razones: la más importante, porque he compartido días y semanas con gente que le ha dedicado una vida entera a eso. La cooperación es una cosa muy seria y hay que tomársela en serio. A veces, una mala ayuda es peor que una no-ayuda.

Es posible, pero no cabe duda de que transmites mensajes positivos. Y eso engancha. ¿Cuál crees tú que es el secreto de Charly Sinewan para llegar a tanta gente?
Constancia, todo esto es el resultado de muchos años de constancia. Y pasión. Me apasiona todo lo que hago: viajar, conocer personas y compartir con ellas todo lo que me ocurre. Que me pasen putadas y luego poder contarlas es la caña.

Charly SinewanPero la gente odia las putadas… ¡¿y tú dices que te encantan?!
Las putadas, cuando no cruzan la barrera de lo catastrófico, ¡son lo mejor! Yo tengo muchas historias que parten de putadas: se te jode un embrague; te das una leche en Tailandia, se rompe el basculante en Indonesia; la putada que le pasa a mi amigo McBauman en Kenia [una fuerte caída] y le cambia su viaje radicalmente; las dos roturas de cárter; mis caídas… he tenido pocas, pero tuve una en Sudáfrica que lo cambió todo. En 2013 hice un viaje definitivo para mí; pensaba así: o vuelvo para dejar de viajar tanto, o vuelvo para dejar de trabajar en Madrid. Fueron cuatros meses, el viaje más interior que he tenido nunca. Y voy a contar lo que me ocurrió, es literal: me dirigía a un backpackers donde me habían dicho que había alemanas; todo esto es de coña, ¡pero no es de coña! Iba en el viaje, como de ’soltero forever’, y el viaje me dijo ‘espera chaval, que te voy a poner a prueba’… ¡Y me piñé! Me caí, haciéndome mucho daño en un pie y teniendo que instalarme en el primer hotel que encontré. Era un hotel familiar, y tuve que estar tres días recluido rodeado de familias. Es decir, el viaje me ha ido siempre llevando hacia un sitio o hacia otro, y casi siempre ese rumbo ha venido marcado por alguna putadita, que se ha convertido luego en una gran experiencia.

¿Qué representa la moto en tu modo de vida?
Mi casa. Tal cual. La moto es mi casa: llevo la tienda de campaña, que es donde duermo, y llevo una productora ahí metida. Es mi casa, mi oficina, lo es todo.

Eres anti-gurús, pero en el mundo de la moto eres un ídolo de masas. Aunque se trata de un segmento acotado, ciertamente mucha gente aprecia cómo eres. No porque quieran parecerse a ti. Más importante que eso: es que verdaderamente te aprecian por cómo eres. Eso, desde el plano humano, para ti tiene que resultar alucinante. Durante tu charla en Formigal, nada más salir te echabas las manos a la cabeza cuando la gente te aplaudía a rabiar. Era una forma de decirte: “Tío, te respetamos y te queremos mucho”.
Eso fue impresionante. Me emociono solo de pensar en ello. Ver a tantísima gente allí, esperando a que saliera… Vivo en un sueño. Desde luego, muy trabajado y todo lo que quieras, pero vivo en un sueño. He dejado de tener tiempo libre, y la gente se extraña por ello… ¡Pero es que vivo en un sueño! El sueño lo ocupa todo: disfruto viajando en moto, grabándome, editando vídeos… Esta entrevista está siendo terapéutica, ¿sabes que disfruto muchísimo editando, porque revivo las cosas? Es un coñazo ponerme a seleccionar… pero empiezo a construirlo todo y… de repente empiezo a reír a carcajadas, o me hablo a mí mismo, porque revivo las historias.

Charly SinewanDurante tus proyecciones audiovisuales, a veces no es necesario mirar los vídeos para saber de qué va la película. Basta mirarte a ti, siempre expresivo, porque tus gestos describen a la perfección lo que está ocurriendo. A veces, estas historias se convierten en un imán. ¿Te has planteado alguna vez quedarte para siempre en algún sitio?
No, pero tengo algo que me llama en Kenia: he dejado la moto allí, he creado lazos –no de pareja, de amigos– y he construido una pequeña familia. Ahora voy a estar en América durante dos o tres años, pero tengo la sensación de que voy a ser siempre africano. Y por supuesto voy a ser siempre viajero: podría recorrer América seis veces, y las disfrutaría las seis; y Asia otras seis. Pero hay algo en África que verdaderamente me engancha. Llevo viajando allí quince años, mucho antes de ir con la moto. Me hubiera quedado en Madagascar o en otros sitios siete u ocho meses, descansando, hablando con gente, haciendo deporte… pero en ningún sitio concreto de manera indefinida.

Vuelves a retomar el tema de la pareja. Cuando hablas de ello, pareces transmitir el convencimiento de que no está en tu hoja de ruta que eso pueda ocurrir. Pero el amor no es una ecuación matemática y viajando en solitario te pueden pasar cosas increíbles.
Yo soy viajero, y no le tengo miedo ni estoy cerrado a nada. Al final, el amor tiene un peso. Y tu vida, sea la que sea la que tengas, tiene otro peso. Cuando tu vida pesa poco, porque es rutinaria, normal o, digamos, menos pasional, el amor puede ocupar mucha parte y entrar con mucha fuerza. Cuando tienes una vida tan pasional como la que yo tengo, y todo te llena tanto, tiene que venir un amor muy potente para poder modificar cosas. Eso ya lo complica. También lo complica el hecho de ser un tipo que ’va de paso’. Tengo 41 años. La gente está pensando en algo estable. ¿Yo qué represento? La vida nómada. Soy siempre ’el que se va’, y eso pesa mucho.

¿Qué añoras de la etapa en la que aún eras solo Carlos?
No echo de menos nada. Ahora, gracias a herramientas como el WhatsApp, puedo estar en contacto fácilmente con la gente que quiero. Yo soy bastante despegado pero a veces te viene tu padre a la cabeza y le escribes un ’¿papá, cómo estás?’ Eso es oro para una relación. El poder demostrar afectos, de manera inmediata y sincera, fortalece más los vínculos que el hábito rutinario.

Charly SinewanHas dicho que vas a ser viajero toda tu vida. Pero el viajero llega un punto en que se pone frente a un espejo y se dice ¿y ahora qué? ¿Tú te has hecho esa pregunta?
No, es que esto no es un viaje, esto es una vida. La base de esta vida no es el viaje, sino el nomadismo, el tener una vida muy descolocada. Eso es muy de África. Allí cada día es un reto, por eso engancha. Te levantas por la mañana y todos los días tienes que afrontar pruebas. Si tú estás allí te ocurre lo mismo, aunque para ti sea más fácil porque llevas una VISA en el bolsillo. Pero en África las cosas sencillas siempre se complican; lo bueno es que las imposibles, se hacen posibles. Eso es adictivo e increíble. Mi vida carece de aburrimiento desde hace siete años.

¿Qué te espera de manera inmediata?
Lo más importante es que tengo que cerrar un ciclo aún sin terminar: me queda editar la etapa 9 del viaje, que fue en Kenia, y cuando eso termine me voy a entregar 100% a América. Sé que es muy diferente y que tengo nuevos desafíos, también sé que lo voy a disfrutar. El reto es conseguir transmitir a través del mundo audiovisual.

¿Vamos a seguir viendo al mismo Charly Sinewan?
Yo sigo siendo el mismo, me sigo viendo igual. Aunque una cosa es cómo tú te ves y otra es cómo te ven los demás. Y hay que fijarse mucho en cómo te ven los demás. Algunos como Roberto [Naveiras] están con la alerta puesta. Y es cierto que mi arranque en América ha sido feo, porque he llegado estresado y sobrepasado de trabajo. Y quiero empezar limpio de tareas. También es cierto que el escenario es muy diferente. He estado cinco años en África; calculo que en América estaré unos dos años, como mínimo. También tengo un sueño, que es repetir Madrid-Sydney; hay una frase de Sabina que dice ’al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver’… ¡pues yo quiero volver! [entre risas]… Pero bueno, no pienso mucho en el futuro, porque no existe.
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No existe el futuro, concluye Charly. Una muestra más de ese tiempo que no tiene valor. Como el reloj de Suiza cuya alarma suena todos los días a mediodía, en punto. ¿Y qué pasa a mediodía? Pues que suena la alarma. A mediodía, en punto. Porque es un reloj de Suiza. Y tiene alarma. A mediodía.

Quique Arenas

Director de Motoviajeros y responsable del Departamento de Comunicación del grupo Ubricar.
Durante más de 20 años, en sus viajes por España, Europa y Sudamérica acumula miles de kilómetros e infinidad de vivencias en moto. Autor del libro “Amazigh, en moto hasta el desierto” (Ed. Celya, 2016).

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