Destino Islandia Destino Islandia
FacebookTwitterEmailMasFacebookTwitterEmailMas Después de la vuelta al mundo en 80 días con el proyecto Globalrider, siempre me quedé con ganas de poder realizar una travesía... Destino Islandia

Destino Islandia

Después de la vuelta al mundo en 80 días con el proyecto Globalrider, siempre me quedé con ganas de poder realizar una travesía en grupo. No es tarea sencilla porque son muchos los factores a considerar y coordinar, y todo ello compatibilizarlo con la vida laboral y familiar. Así y todo, esta nueva odisea comenzó a gestarse con más amigos usuarios de la legendaria Yamaha Super Tenere XT1200. El proyecto pronto tuvo nombre, Destination Yamaha Iceland que llevaba implícito el destino y uno de los tres patrocinadores principales. Las otras dos empresas que confiaron en nuestro proyecto fueron Sigfox e Inspiralia además de otras empresas colaboradoras.

Fuimos dieciocho personas las que nos aventurábamos en esta odisea humana para recorrer la isla nórdica enclavada en el Atlántico Norte. No sólo se trataba de rodar con nuestras enormes motos por esta maravillosa isla, sino que había todo un contexto histórico que queríamos sacar a la luz. Siempre he considerado que viajar es aprender, y cuando uno se encuentra en el lugar de los hechos, parece que todo traspasa los poros.

Y así fue, comenzamos a organizarnos allá por el mes de octubre de 2016. Aún quedaban muchos meses por delante pero el tiempo es tirano y sabíamos que había muchos asuntos a resolver como la logística, el equipamiento, los sponsors, el recorrido… pero sobre todo, necesitábamos conocernos antes de esta travesía de casi 20 días. Optamos entonces por hacer salidas mensuales por diversos puntos de España y Portugal para ir fogueándonos y probar equipos. Creo que fue la estrategia más acertada.

Elegimos Islandia porque es una isla muy curiosa en cuanto a paisajes, suficientemente dura en cuanto a clima como para poner a prueba a cualquier “overlander” y sobre todo porque había una historia íntimamente ligada con España, el Spánverjavígin.

IS-LAND (IS= hielo, LAND= tierra) tiene una historia que se remonta al año 860 de nuestra era cuando el vikingo feroés Naddoddr descubre esta isla por casualidad mientras navegaba rumbo a las Islas Feroe desde Noruega. La llamó Snæland (tierra de nieves) Lo curioso es que su hijo, Ann Naddoddsdóttir, fue el primer europeo en llegar a América, pero esa ya es otra historia.
La conquista de Islandia vino de la mano de los vikingos noruegos que poco a poco se fueron asentando a lo largo de la línea costera recogida en un libro muy recomendable que se llama Landnámabók.

Destino Islandia

Pero adelantamos la historia de Islandia hasta llegar al año 1615 cuando era común ver navegantes españoles, fundamentalmente vascos, capturando grandes cetáceos en alta mar para comerciar con su carne y aceite. Islandia era un punto de intercambio comercial y trueque. La relación entre vascos e islandeses era inmejorable, tanto que hasta había un dialecto en común mezcla de islandés y euskera. Pero en 1615 todo se torció.

Una fuerte tormenta proveniente del ártico destruyó barcos vascos en las rocosas costas del Vestfirðir (Fiordos del Oeste) y 80 marineros quedaron atrapados en la isla. Algunos de ellos pudieron regresar en otras embarcaciones a España pero 32 de ellos quedaron en la isla. El Spánverjavígin se traduce como el asesinato de los españoles y es que luego de varias escaramuzas, por ambas partes, éstas fueron “in crescendo” hasta que una comisión islandesa resolvió que debía aplicarse la pena capital, la ejecución de los españoles.

La persecución duró varias semanas y culminó con la muerte de todos los españoles en los fiordos del oeste y el Rey de Dinamarca promulgó una ley por la que se autorizaba dar muerte a cualquier español que se acercara a la isla. Curiosidades de la historia, ¡esta ley estuvo vigente hasta el año 2015!

Islandia en moto

Con esta historia debajo del brazo y 402 años más tarde éramos otros los españoles que recorreríamos la isla recordando estos acontecimientos. Adolfo Iglesias, Alex Bonnin, Ana Hermoso, Andrés Salamanca, Andreu Aguilà, Antonio Casanueva, Antonio Valverde, Carlos Molina, Carmen Jordán, Eva María Fraile, Fernando Pérez, Juan Miguel Guinea, Magda Corral, Pablo Macías, Pedro Palacio, Rafael Sanz, Yolanda Benito y yo, Hugo Scagnetti, teníamos las monturas listas para partir.

Llegó el 3 de julio, día de partida. Teníamos que recoger las motos en el puerto de Reykjavik que habían llegado por barco en un contenedor de cuarenta pies. Más de tres semanas sin ver nuestras motos, el momento de la verdad había llegado cuando abrimos lentamente aquella enorme puerta metálica y pudimos ver que todas habían llegado intactas. Además era un día especial, nada podía salir mal, cumplía mis primeros 50 tacos y tuve la enorme fortuna de estar acompañado por María Teresa Moreno (mi madre) y por Elena Molina Maqueda, mi mujer.

Tuvimos que hacer los papeles rápidamente, desembalar las motos y montarlas en menos de tres horas porque al mediodía nos esperaban las autoridades de Reykjavik en el Ayuntamiento para dar la salida oficial del Destination Yamaha Iceland. Así, Björn Blöndal representante del Gobierno local junto a Anna Guðjónsdóttir, nos dieron una cálida recepción en el Ayuntamiento y luego de visitar el interior del edificio, hicimos la foto oficial y dimos por iniciada la travesía con los primeros kilómetros que nos alejaron de la ciudad.

Destino Islandia

Desde Reykjavik viajamos por el famoso y archiconocido “Golden Ring”. Un circuito de unos 400 km donde se concentra lo más conocido de Islandia, los géiseres, las grandes cascadas, la dorsal mesoatlántica donde se separan las placas tectónicas de Europa y América, cráteres de antiguos volcanes extintos y paisajes lunares donde los astronautas de las primeras misiones de la carrera espacial entre Estados Unidos y Rusia probaron equipos de supervivencia.

Dejando atrás el “Golden Ring” el equipo se dirigió hacia Landmannaleið donde montamos las tiendas en las termas de Landmannalaugar, un lugar mágico tras vadear un par de ríos y transitar caminos serpenteantes bastante técnicos. Considerando la carga que llevábamos y que muchos iban con acompañantes, la noche llegó con un merecido descanso.

Así fuimos recorriendo la isla en sentido anti-horario siguiendo la ruta Nº 1 donde los paisajes son increíbles y, a pesar de la fina y persistente llovizna, no se pierde su magia. Cascadas y cascadas parecen caer del cielo, alguna anchas y caudalosas otras largas y finas como un velo de seda. Uno se queda estupefacto admirándolas.

Algunos kilómetros más allá llegamos a Vik. Un minúsculo pueblo pero punto neurálgico de muchas excursiones del sur de la isla pues está cerca de los glaciares más importantes de Islandia, entre ellos el famoso Vatnajokull. Pero aquella noche sufrimos la peor tormenta de toda la travesía. Vientos que superaban los 80 km/h y una copiosa lluvia que hizo interminable la llegada del amanecer. Habíamos pasado la prueba de fuego con nuestras tiendas de campaña, algunas dobladas, pero ninguna vencida.

Continuamos las 13 motos rumbo al este. Nuestro pasaje por paisajes tan cambiantes era realmente estimulante, como cuando llegamos al lago Jökulsárlón debajo del glaciar Vatnajukull con marea en subiente. Ver el movimiento de estos grandes témpanos a escasos metros nuestro era realmente conmovedor.

Nos despedimos de la única foca que estaba nadando entre los témpanos y seguimos hacia Höfn donde la isla ya comienza a virar hacia el norte e hicimos noche finalmente en Djúpivogur, un pequeño puerto pesquero muy pintoresco. Desde aquí, bajo mi punto de vista, viajamos por una de las rutas más bonitas de toda la isla. Un camino serpenteante entre las montañas y el mar que se encontraba a escasos metros de nuestras ruedas. Un día de sol excepcional que hacía aún más majestuoso el recorrido por estos fiordos del este. Así pasamos por Breiðdalsvík, Stöðvarfjörður y Fáskrúðsfjörður, pequeños pueblos llenos de magia.

Nuestro destino era llegar a Möðrudalur, muy cerca del volcán Askja en el centro de la isla. Fueron muchos kilómetros pero todo el equipo ya se había aclimatado a la ruta y a las inclemencias del tiempo y las rutas de tierra, por lo que llegamos sin problemas. El volcán Askja está justo detrás del glaciar Vatnajokull pero no es nada fácil llegar. Un primer equipo fue por pistas vadeando ríos y recorriendo suelo volcánico pero el escaso tiempo y las condiciones del camino, les hizo abortar a poco kilómetros de alcanzar el objetivo. Otro grupo fuimos en helicóptero para realizar planos aéreos y pudimos ver el volcán Askja en todo su esplendor y divisar allí debajo el pequeño lago Viti, punto emblemático de quienes osan llegar a este rincón perdido de Islandia.

A partir de aquí, nos quedaba el gran Norte y los fiordos de Oeste por lo que decidimos llegar al punto exacto donde se une el Mar de Groenlandia con el Mar del Norte. Es un faro que se llama Langanesviti y dista unos 50 km de Þórshöfn por una pista de tierra increíblemente bella si hay sol y terriblemente complicada si llueve. Por suerte, el tiempo acompañó y pudimos llegar a este otro punto remoto de la isla por la que fue sin duda la pista más divertida y bonita.

Ya rumbo hacia el Oeste, recorrimos el Gran Norte haciendo avistaje de ballenas, conociendo a los famosos frailecillos que hay por miles en esta zona y conociendo pueblos inimaginables como Húsavík, Akureyri o Hólmavík. Desde este último pueblo, nos adentramos en la península que alberga los fiordos del Oeste donde ocurrieron aquellos hechos en 1615 por lo que nuestro objetivo era llegar al pueblo de Bolungarvik, colocar una placa en memoria de aquellos balleneros españoles asesinados destacando la importancia de la tolerancia entre los pueblos y nuestros nombres grabados en la placa recordando nuestro paso por allí.

Y así fue. Las autoridades oficiales encabezada por la alcaldesa de Bolungarvik, Guðbjörg Stefanía Hafþórsdóttir nos dieron una cálida recepción y pudimos colocar, junto al faro principal en la entrada del puerto, aquella placa metálica que representaba tantas cosas para nosotros, sobre todo, tolerancia. Y allí se quedó, donde se esconde el sol, donde está el faro amarillo, junto a una roca volcánica en memoria a los españoles: 66°09’07.3″N 23°12’32.9″W.

Islandia es un país maravilloso para recorrer en moto y tienda de campaña. Un lugar de paisajes cambiantes y grandes espacios abiertos donde percibir la naturaleza en todo su esplendor. Un país volcánico, de hielo y fuego, de historias y aroma a mar que espera ser recorrido.

Para Motoviajeros, Hugo Scagnetti  // Fotos: Hugo Scagnetti / Lord Andrews

Quique Arenas

Director de Motoviajeros y responsable del Departamento de Comunicación del grupo Ubricar.
Durante más de 20 años, en sus viajes por España, Europa y Sudamérica acumula miles de kilómetros e infinidad de vivencias en moto. Autor del libro “Amazigh, en moto hasta el desierto” (Ed. Celya, 2016).

  • Jose Luis (Joselu)

    4 noviembre, 2017 #1 Author

    Una gozada de viaje que tiene que ser!!!!… Gracias por dejarlo compartir, aunque sea en foto. Una pregunta, alguna moto que no fuera trail????

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    • Quique Arenas

      4 noviembre, 2017 #2 Author

      Estimado José Luis! Con permiso de Hugo Scagnetti, en respuesta a tu pregunta este viaje se realizó íntegramente con Yamaha Super Tenere XT1200, una maxitrail como bien sabes! Gracias por tu interés y un saludo!

      Responder

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