Elefantentreffen 2018 Elefantentreffen 2018
FacebookTwitterWhatsAppEmailMasFacebookTwitterWhatsAppEmailMas Uno de los destinos al que cualquier motero (al menos de cierta edad) sueña con ir es a la concentración Elefantentreffen en LOH,... Elefantentreffen 2018

La zona de acampada, se ve claramente que por primera vez desde hace 28 años había más barro que nieve. 3- VESPA POLLOS: Esta moto la adelantamos yendo de MUNICH a la concentración y luego nos la encontramos ahí.

Uno de los destinos al que cualquier motero (al menos de cierta edad) sueña con ir es a la concentración Elefantentreffen en LOH, Alemania. Tal vez por ser uno de esos eventos de los que has leído pequeños artículos en revistas especializadas y aunque encuentras información al menos a mi me pasa que nada muy claro. Realmente nunca he hablado con nadie que hubiera estado y me lo hubiera contado. Puede que como le pasa a la Isla de Man le envuelve un halo de misterio que lo hace mucho más atractivo.

Llevaba muchos años pensando en ello, pero la verdad es que es un viaje que no parece muy dado a hacerse en solitario, tampoco realmente me lo había planteado en serio. La época del año (principios de febrero) no es desde luego la más indicada… Bueno eso no es cierto, precisamente por ser en el momento más frío y complicado climatológicamente en el norte de Europa es lo que hace el reto para un motero más apetecible.

Ángel luciendo la camiseta que mando hacer cómo recordatorio del viaje

Fue en septiembre con unos amigos en la reunión de BMW de Formigal donde realmente dimos el pistoletazo de salida a este viaje. Un amigo y motero experimentado de hace muchos años Ángel me dijo “el próximo año toca ir a Elefantes, ¿quién se apunta?” los demás compañeros dijeron que si estaba mal de la cabeza: “A Alemania en pleno invierno”… Pues eso, alguien dijo esa frase que tantas locuras ha llevado a hacer… “no hay coj***s”… y los hubo.

Una vez de regreso de Formigal, en Valencia (donde residimos los dos, aunque somos de Salamanca) nos pusimos a ello. La verdad es que solo nos juntamos un domingo por la tarde para determinar el viaje por encima y una vez que tuvimos claro que aunque habría que sufrir un poco, que fuera lo menos posible. Iríamos y volveríamos por Génova en ferry desde Barcelona. Disponíamos de una semana para hacerlo.

La concentración en si cuenta con 62 años de historia y su comienzo; un periodista Alemán que se preguntaba cuántos moteros serían capaces de salir a montar en moto en invierno . A esa primera reunión asistieron en su mayoría sidecares de color verde y fue donde comenzó a tomar su nombre; los Elefantes Verdes. La concentración ha cambiado de ubicación en varias ocasiones, primero Nurburgring, después Salbuzbring (Austria) y finalmente se volvió a sus orígenes en plena naturaleza, en el bosque bávaro, lo que asegura nieve, que es lo que ha habido los últimos 28 años.

Guty luciendo la camiseta recordatorio del viaje.

Esa es brevemente la historia de la concentración; yo lo que quiero contar es nuestra historia, la de dos cincuentones salmantinos desacostumbrados a pasar los rigores del invierno de su ciudad natal viviendo ahora en Valencia… esos somos nosotros, Ángel y el que escribe, Guty.

Salimos de Valencia con destino a Barcelona a las 16:30 con aproximadamente 16 grados; no sé quien dijo que se pasaba frío para ir a Elefantes (pobre iluso), hoy solo tenemos que llegar a dormir a Barcelona, 360 km. aproximadamente. Llegamos sobre las 20:30. Una ducha, cenita un poco de conversación en el apartamento y a descansar.

El ferry no sale de Barcelona hasta las 13:00 nos han dicho que hay que estar un par de horas antes, nosotros apuraremos un poco más, cómo buenos españoles. Me levanto y con un tiempo soleado salgo a correr un poco por el puerto, regreso a el apartamento y después de una ducha salimos a desayunar. Al regresar al apartamento a por el equipaje para cargar las motos, nos encontramos con el primer pequeño incidente del viaje. Son las 11 y se les olvidó decirnos que a partir de esa hora las llaves magnéticas de los apartamentos quedan desactivadas, ¡uffff! Llamamos para que venga alguien a abrirnos y la espera se nos hace eterna, ya no vamos a estar dos horas antes en el ferry. Nos vienen a abrir y deprisa preparamos todo, lo cargamos en las motos y nos vamos no sin antes recordarle a mi amigo Ángel, que estrena maletas en su Triumph Explorer, que no se olvide que ya no es “mensajero” (así nos conocimos los dos hace más de 30 años, trabajando de mensajeros con la moto) No me debió escuchar, porque en plena vía Layetana bajando al puerto y haciendo zigzag entre los coches embiste a una furgoneta que estaba parada, con la maleta lateral izquierda. ¡La moto sale despedida y desde la salvada de Márquez en el GP de Cheste el pasado año no he visto nada igual! ¡El tío no se cayó (por muy, muy poquito)! Solo herida de guerra en la maleta y nada más.

Motos atadas en la bodega del ferry al partir de Barcelona a Génova

Llegamos por fin al FERRY sobre las 12:15, hacemos el check in, y para dentro a la bodega del barco; sin más esperas a atar las motos y nosotros a nuestro camarote. No sé si fue la biodramina o fueron las Paulaner, pero hicimos un viaje de lo más cómodo, ni mareos ni nada.

El barco llega a Génova en el horario previsto. Este día empieza realmente el viaje. Nuestro destino es Munich, aproximadamente a unos 700 km. Todavía no éramos conscientes de lo que nos esperaba. Paramos en la primera gasolinera que nos encontramos a tomar nuestro primer capuchino, con uno de esos cruasanes rellenos de mermelada que a mí me indican que estoy en Italia.

Yo sigo insistiendo que la gente es una exagerada con lo del frío de Elefantes… ¡si tenemos 13 grados!

Nos preparamos sin demasiada ropa y partimos rumbo a Suiza. En la siguiente parada ya la cosa ha cambiado: 1 grado y paisaje nevado. Mucha niebla, lluvia… Una pena, porque el paisaje cuando pasamos por el lago de Lugano parecía espectacular, pero cómo dice Miquel Silvestre: “La aventura es la aventura”.

Mi BMW K1200 LT en la gasolinera del PASO DE SAN BERNARDINO en Suiza mirando desafiante el paisaje con su mayoría de edad recién cumplida (tiene 18 años)

No teníamos muy claro por adonde tirar y decidimos que por San Bernardino. Se termina la autopista y comienza a nevar en serio. Ángel va delante con su Explorer 1200, que para eso tiene una trail, porque yo con mi BMW K1200 LT no parezco el más indicado para abrir una expedición por nieve. La carretera comienza a ponerse blanca y como el miedo es libre, mi compañero entra en una gasolinera, sin duda sin darse cuenta de donde nos estábamos metiendo. De repente nos vimos rodeados de nieve, mucha nieve a 2 grados bajo cero y sin saber siquiera cómo podríamos salir del recinto, que era más que una estación de servicio, una pista de esquí. Le preguntamos a los trabajadores y nos dicen que si logramos llegar al primer túnel la cosa irá mejorando, todo muy reconfortante. La verdad es que era un poema ver a mi colega hablar a voces con un buen hombre montado en una “quitanieves”, que miraba hacia abajo y no entendía qué hacían esos dos guiris intentado salir sin caerse de aquella gasolinera haciendo drift con las motos. Salimos, eso sí, con más miedo que vergüenza, porque lo que sin duda sería una pequeñísima cuesta, a mí me pareció la pista de salto olímpico de esquí que se ve en la tele en las olimpiadas de invierno.

Una vez en la carretera de nuevo la cosa no había mejorado nada, el asfalto blanco y sin parar de nevar prácticamente a 20 por hora y con los pies colgando gran parte del camino. Llegamos sin incidentes al primer túnel. Nunca me había alegrado tanto de pasar por un túnel. Al menos ni nevaba ni el asfalto estaba helado, pero la alegría duró poco, porque al terminar el preciado pasadizo había más de lo mismo.

Los escasos coches que circulaban nos adelantaban y Ángel intentaba coger su rodera y yo la de este. Yo hacia exactamente lo mismo que él: si iba a la derecha, yo a la derecha; si se salía de la rodera, yo también; si se rascaba, también yo. Parecíamos el equipo de natación sincronizada. Así seguimos agradeciendo cada galería que llegaba y aprovechando esta para relajarnos un poco de la tensión que llevábamos, hasta que finalmente comenzó de nuevo la autovía y aunque hacía mucho frío y llovía, después de lo acontecido esto era una bendición.

Otra paradita, gasolina café y a continuar hasta Austria. La verdad es que ya pasas por las distintas fronteras europeas y no sientes la emoción de antaño, cuando al menos tenías que hacer una parada -aunque fuera breve y rutinaria- y sentías que realmente cambiabas de país. Ya ni te digo cuando antes de la implantación del euro tenías que hacer el cambio de moneda; pero esos eran otros tiempos.

Nuestras motos aparcadas debajo de la pasarela que une el MUSEO BMW y el CONECSIONARIO más grande de la marca, MUNICH.

A partir de aquí deja de llover y se nos hace de noche a unos 40 km de Munich con el navegador hasta la puerta del hotel sin problemas. Hoy hemos pasado por 4 países: Italia, Suiza, Austria y Alemania.

Como esta vez viajamos sin nuestras mujeres, en cuanto llegamos al hotel subimos el equipaje, ducha rápida y ya estamos de nuevo en la calle dispuestos a cenar. Un paseo caminando por el centro histórico de Munich; Mantenplatz (nuevo ayuntamiento), puertas de la muralla y visita a la cervecería Hofbrauhaus, la más antigua de la ciudad con más de 5 siglos de historia, aunque finalmente terminamos cenando el típico codillo y salchichas en otra cervecería cercana, mucho menos concurrida. Otro paseo hasta el hotel y a dormir que el viaje continua mañana.

Nos levantamos y después de hacer buen uso del buffet comienza el día. El objetivo de hoy es llegar a dormir a Thurmansbang (unos 200 Km) muy cerca del pueblo de Loh, lugar donde se encuentra el bosque que alberga Elefantentreffen.

Visitamos el Museo BMW y el BMW Weet, el concesionario más grande que tiene la marca, conectados ambos por una pasarela que atraviesa por encima la carretera. Empleamos un par de horas en ver todo relajadamente y la verdad es que sorprende por lo enorme que es, por lo moderno de las instalaciones y lo limpio y diáfano de los edificios. Hay de todo lo que han fabricado; motos, coches, motores de aviones (en sus comienzos). Pero a mí lo que más me impacto al ser un edificio de varias alturas abierto fue una enorme vitrina donde están las motos. Va de arriba a abajo, todas nuevecitas. Dedujimos a juzgar por que los colectores no tenían color y los ojos de buey delataban la ausencia de aceite en el cárter, que nunca habían sido arrancadas. Ver alguno de los modelos que en mi juventud me hicieron comenzar a amar las motos, como la K100 ó la K1, me resultó de lo más reconfortante.

Sobre las 13:30 salimos de Munich dirección a lo que sería nuestro hogar durante las dos siguientes noches. Ya por la autopista comenzamos a ver algún sidecar y algún raro personaje en scooter pequeño; iban tan cargados y tan abrigados que tenían que llevar las piernas colgando por no poder apoyar estas encima de la moto. También una Vespa P-200 (otra de mis debilidades) con unos pollos colgados ondeando al viento en la parte de atrás (menos mal que eran de goma). Nos estábamos acercando a la zona y es que, hasta este momento, no habíamos visto ni una sola moto por la carretera; ni casi en ciudad desde que salimos de España. El día estaba soleado, aunque a medida que abandonamos la autovía la temperatura iba descendiendo hasta los 0 grados. La carretera estaba en perfectas condiciones.

Llegamos al hotel; de nuevo el navegador obró el milagro. Ya no hay ni que preguntar. Estaba lleno de moteros, principalmente italianos. Descargamos las motos y nos enganchamos a la rueda de un grupo que vimos y supusimos que iban a la concentración. Efectivamente llegamos a las puertas de la concentración. Dejamos las motos fuera, porque a medida que te acercabas en la carretera dejaba de verse el asfalto y solo se veía barro, mucho barro. Según nos cuentan algunos participantes que ya habían estado más veces, este era el primer año desde hace casi 30 que la carretera de acceso no está nevada, cosa que al menos yo con una BMW LT de 400 kg agradecí enormemente.

BMW GS 1200 en su salsa

Pues ya estábamos ahí, todo tal y cómo recordaba de las fotos que llevaba viendo desde hace 30 años. ¡Estamos en Elefantes!

Nos levantamos con muchas ganas de pasar el día disfrutando del ambiente de la concentración, que ya comienza en el desayuno con la puerta del hotel llena de motos y los moteros desayunando como nosotros para meterse en el recinto de la concentración, que por otra parte hoy sábado es el día más importante y cuando más gente acude.

Cogemos nuestras motos. Hace bastante frío pero la carretera no está helada ni ha nevado, por lo que de nuevo continúa nuestra suerte con el buen tiempo. Había leído en varias crónicas por internet que lo normal cuando uno va a esta concentración es no poder llegar la primera vez. Y no es de extrañar, porque por esas carreteras de montaña, de haber estado nevadas, sería realmente complicado llegar. Además, una vez en las inmediaciones, el poder acceder al bosque donde se acampa yo diría que se convertiría en misión imposible.

Una vez en Loh es cuando comienza la carretera de entrada, de unos 3 km aproximadamente. Hay gente de la organización que no permite la entrada de coches; a partir de aquí solamente motos, aunque todavía no es necesario haberse inscrito, eso se hace en una caseta de madera que tienen habilitada a tal efecto justo a la entrada del recinto vallado. Puedes pagar entrada de un día por 9€ que te da derecho a una chapa (muy bonita, esmaltada) o 25 € si quieres estar los 3 días y que también te da derecho a acampar. Nosotros dejamos la moto justo en la carretera asfaltada de acceso, donde se forma una fila enorme. A partir de ahí el barrizal (este año) se ha apoderado de todo.

Esta moto la adelantamos yendo de MUNICH a la concentración y luego nos la encontramos ahí.

Nosotros nos inscribimos para ese día y nos metemos hacia adentro. Lo que más me llama la atención es que la mayoría de las motos que se ven son motos bastante viejas; hay muchos engendros, los cubremanetas son garrafas cortadas y adaptadas al manillar. Muchos llevan barriles de plástico estancos por maletas y los suplementos de carenado son de cartón y gomaespuma. El ingenio , el bricolaje y los inventos no dejan mucho lugar para que las grandes marcas de accesorios luzcan sus últimas tendencias. Tampoco los pilotos van vestidos con lo último en cordura y gore-tex, si no más bien con ropa tipo militar y precinto para evitar que entre el aire entre el guante y la manga de la cazadora. Gente ruda y aguerrida: mucho italiano, checo y por supuesto alemán. Me recuerda un poco a cuando nosotros empezamos a montar en moto y no había muchos medios, o al menos nosotros no teníamos acceso a ellos, pero esto fue en mi caso sobre el año 1985. Nada que ver con lo que podría ser una invernal española cómo Pingüinos (también estuvimos este año, por eso de hacer doblete) donde no solo ves los últimos modelos de motos y accesorios, si no que casi todo el mundo va vestido con ropa “de moto”.

De nuevo es inevitable la comparativa con LOS PINGUINOS españoles, nada que ver en cuanto a organización, no hay más que tres sitios donde comprar bebida y alguna salchicha, no hay música y la única tienda que hay está en la parte más baja de la concentración. Si ves a alguien con algún gorro, o alguna camiseta de esta reunión, seguro que se metió hasta adentro y en nuestro caso nos embarramos sin más remisión. Por esta parte solo circulaban algunos pilotos de cross que se lo estaban pasando en grande y con una euforia y entusiasmo que les hacían sospechosos de haber ingerido algo más que café.

3- MOTOSIERRA: BMW 1200 GS con SIDE imparable. Moto sierra incluida para solucionar cualquier imprevisto.

Nos pasamos el día haciendo fotos y más fotos, viendo cómo no es un problema si tienes una R1 y quieres circular con nieve y barro; tan solo has de ponerle ruedas de tacos. Muchos sides de todo tipo y motos cuyas marcas desconocemos por estas latitudes.

Decidimos que habíamos tenido suficiente frío y barro y nos fuimos a por nuestras monturas para ira al hotel a darnos un baño en la piscina climatizada que habíamos visto, pero antes el tiempo nos obsequio con una nevada para que pudiéramos hacernos alguna foto en la que se palpara más aún los rigores climatológicos.

Llegamos sin más problemas al hotel y nos dimos el bañito prometido además de ingerir alguna cerveza y una buena cena, en la que estuvimos debatiendo sobre qué sitio sería él mejor para volver a Milán, que era donde haríamos noche el siguiente día. Después de la experiencia del paso de San Bernardino decidimos cambiar la ruta por Innsbruck (Austria).

Para gustos colores. Cada uno le pone a su moto los accesorios que más le gustan... personalizada estaba, desde luego

Estuvimos hablando con un italiano que era de Génova y nos comentó que ellos iban a ir por esa ruta pero que había que tener cuidado por qué estaba nevando y en algunas horas del día la previsión era de -15 grados. Ellos salían a las 8 de la mañana y nosotros no queríamos madrugar tanto; aunque teníamos 700 km por delante teníamos todo el día para hacerlos, por lo que declinamos la invitación de hacer el viaje acompañados. También conocimos a otro italiano, Fabriccio, con una BMW GS 1200. Según rezaba en su chaleco ya había superado el millón de kilómetros en moto. Nos invitó a dar un trago de grappa que llevaba en una petaca de aluminio enorme que tenía en el cofre de la moto. Empezamos a echar cuentas de cuantos kilómetros habíamos hecho en moto… pero yo me quedaba en algo más de la mitad que el italiano. Nos fuimos a la cama teniendo claro que volveríamos por la ruta de Innsbruck.

Nos levantamos sobre las 8:00 y alegrándonos de que no hubiera nevado partimos con rumbo a Munich. A la salida de Munich había muchas obras en la autopista y nevaba intensamente, así que nos desviamos para echar gasolina, tomar un café y comprar como recuerdo unas latas de cerveza alemana de litro. Continuamos ruta; este día también nos tocaría sufrir los rigores invernales europeos: mucha nieve, mucho frío, mucho tráfico… hasta que por fin ya en Italia el panorama cambia drásticamente, aparece el sol, deja de nevar y, aunque la temperatura es baja, el hecho de ver el sol además de calentar el cuerpo también calienta el espíritu.

A este piloto le gustaban las motos deportivas y hacer todo terreno. Lo ha solucionado con una sola moto R con ruedas de tacos.

Seguimos sin más incidencias, hasta que de noche llegamos a Milán. Nos hospedamos en un hotel céntrico, el antiguo Palazzo delle Steline. Después de bajar los bultos de las motos, que dejamos en la calle, decidimos quedarnos en la habitación y cenar un poco de jamón con una botella de vino que transportábamos desde España. Además de cansados, Ángel tenía bastante dolor de espalda que arrastraba desde Barcelona cuando hizo algún esfuerzo excesivo para evitar que se le cayera la moto al golpear la furgoneta con su maleta lateral. Con el cansancio y el vino dormimos como angelitos (nunca mejor dicho en el caso de mi compañero).

Amanece lloviendo, y aunque disponemos de todo el día para llegar a Génova – a menos de 200 km de Milán-, se nos frustran un poco los planes de hacer algo de turismo. Lloviendo, con la ropa de la moto y éstas cargadas… no resulta muy apetecible. Yo dije que me conformaba con ver por fuera el famosísimo teatro de la Escala y hacerme una foto con la moto, y así lo hicimos para continuar carretera hacia Génova. Si dejaba de llover, como el ferry no salía hasta las 20:00, podríamos aprovechar para visitar un poco la ciudad. Pero esto no sucedió: no solo no dejó de llover, sino que comenzó a caer granizo y nieve y cuando nos faltaban 50 km para llegar a Génova empezamos a creer seriamente la posibilidad de no llegar, porque comenzamos un puerto que anunciaba constantemente que debido al tiempo se cerraría la carretera y tuvimos que reducir la velocidad, en el mejor de los casos, hasta unos 30 km/h. Circulando detrás de la quitanieves, con las pantallas de los cascos y las cúpulas de las motos heladas, continuamos hasta que por fin entramos en Génova y ya no nevaba, aunque sí llovía copiosamente.

El barco ya estaba en el puerto pero desembarcando los pasajeros que venían de Tánger y Barcelona. Es increíble la cantidad de gente que se mueve en esta época del año en este trayecto. La espera fue desesperante, a la intemperie, de noche, sin parar de llover y a 2 grados. Ahí estuvimos más de 3 horas, parecía que éramos las únicas motos, pero llegó una chica Italiana con una Hona naked 600 cargada como nunca he visto una moto. Nos comentó que se iba a Palma de Mallorca para intentar comenzar una nueva vida; por tanto no era un viaje, era una mudanza.

Estos carteles estaban por toda la concentración. No dejan lugar a dudas; SIDES, MOTOS, TIENDAS DE CAMPAÑA SIIII PETARDOS, FUEGOS ARTIFICIALES, QUAD, REMOLQUES, COCHES NOOOOO

Cuando por fin nos tocó entrar en el barco, todo chapa llena de agua y con el cansancio que teníamos, al ir a aparcar se me resbala un pie y mi buque comienza a escorarse sin remedio… así que lo dejé posarse en el suelo y enseguida vino mi compañero y el operario que ata las motos para ayudarme a levantarlo. No hubo ni un solo roce, sólo la sensación de impotencia y la vergüenza de que se le vieran los bajos a la pobre LT.

Por fin estábamos en el barco con intención de subir al camarote, darnos una buena ducha y comenzar con el ritual de la biodramina y las Paulaner (mano de santo para el mareo). Dimos un paseo por el barco y volvimos a ver a nuestra colega italiana que estaba con otro motero que según nos explicó había conocido ese mismo día y que con una Africa Twin se dirigía a Tánger, para hacer un recorrido al parecer sin prisa por el país. Lo primero que debería solucionar al desembarcar era arrancar la moto ya que no le arrancaba y tuvieron que ayudarle a subirla al barco parada. No parecía preocuparle mucho. Nos comentó con mucha tranquilidad “es normal, es una moto vieja con muchos años y tiene que darme problemas”; creo que es la manera de afrontar un viaje de ese tipo sin agobiarse, ir solucionando los problemas según llegan. Nos fuimos a la cama y esta vez no había prisa en levantarse el barco en principio no tenía prevista la llegada hasta las 14:00, pero con las dos horas que llevaba de retraso estaba claro que el horario no podría respetarse.

Parada en una gasolinera.

Como habíamos supuesto el barco llegó con retraso, el desembarco esta vez sería rápido, ya que pocos nos bajábamos en Barcelona. Teníamos unos 360 km hasta casa y aunque con ganas de llegar no debería representar ningún problema, el tiempo quiso darnos caña hasta última hora, se puso a llover y la temperatura bajó hasta los 3 grados con mucho aire racheado, lo que unido a que se hizo de noche nos hizo estar en tensión hasta el último momento.

Por fin llegamos a Valencia, nos despedimos en un semáforo y cada uno para su casa. Cómo curiosidad el destino quiso que nos cayésemos una vez cada uno en este viaje. A mi me tocó en el barco y a Ángel justo al entrar en su casa. Acarreando una de las maletas resbaló y fue al suelo. No podemos quejarnos en casi todas las crónicas que he leído de gente que ha ido a la concentración, ha habido más de una caída con la moto por la nieve o el hielo.

Sueño cumplido y muesca en el revólver. Ha sido toda una experiencia más aún por la compañía y para los que tengáis pensado ir, mucho ánimo y el mejor equipo posible. Si podéis, ruedas de invierno y sobre todo mucha suerte para poder llegar y no quedarse a 30 km como perfectamente nos podía haber sucedido a nosotros.

Para Motoviajeros, Agustín Santos Guardado.

Quique Arenas Director

Director de Motoviajeros y responsable del Dpto. de Comunicación del grupo Ubricar. Durante más de 20 años, en sus viajes por España, Europa y Sudamérica acumula miles de kilómetros e infinidad de vivencias en moto. Primer socio de honor de la Asociación Española de Mototurismo (AEMOTUR) y autor del libro 'Amazigh, en moto hasta el desierto' (Ed. Celya, 2016) // Ver libro

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