Roberto Naveiras: 100 programas de Viajo en Moto Roberto Naveiras: 100 programas de Viajo en Moto
FacebookTwitterEmailMasFacebookTwitterEmailMasRoberto Naveiras (Oviedo, 1969) es el hombre detrás de Viajo en Moto, un podcast de referencia en iTunes y la plataforma digital iVoox (y... Roberto Naveiras: 100 programas de Viajo en Moto

Roberto Naveiras (Oviedo, 1969) es el hombre detrás de Viajo en Moto, un podcast de referencia en iTunes y la plataforma digital iVoox (y no solo en las secciones de motor y viajes, sino en términos globales). Surgido en 2012 -aunque la web funciona desde 1998-, durante los cuatro primeros años se proyectaba como un programa mensual grabado. Desde finales de 2016, Naveiras ha dado el salto al directo, otorgando más importancia a las entrevistas y con un formato más dinámico y participativo. Viajo en moto se emite todos los miércoles a las 22:02 h desde su web; una vez que termina, queda disponible para su descarga en varias plataformas: Spreaker, iVoox, iTunes o la propia página del programa.

No es fácil conocer al verdadero Naveiras, escondido tras las cañas de su timidez, disfrazado de guasón burlesco, aglutinador de una cultura y una verbosidad tan inmensa como su pasión por la lectura. Acostumbrado a entrevistar a grandes viajeros, esta vez es este guarda forestal, a la sazón director de Viajo en Moto, quien se somete a un pasen y vean onomástico. El podcast acaba de cumplir 100 programas. Es ya un espacio de culto. Y Grandas de Salime un Shangri-La de radiofonías viajeras. Por QUIQUE ARENAS // FOTOGRAFÍAS CEDIDAS POR R. NAVEIRAS

Roberto Naveiras… de los Naveiras de toda la vida, ¿no?
Al menos de los Naveiras que tengo controlados desde el año 1700 más o menos. Un árbol genealógico bastante completito que nos trajo desde Galicia hasta la “casi Galicia” de esta esquina de Asturias.

Así que un Naveiras casi “galego”, por raíces y por proximidad geográfica, y además, gaitero. ¿Qué haríamos sin música?
La música va unida al hombre desde el principio de los tiempos. No hace falta ser un melómano para disfrutarla y, en la gran mayoría de los casos, para saber que sin ella no se puede vivir. Géneros, estilos, corrientes… diferentes manifestaciones de algo tan sencillo como hacer ritmos con un palo contra una piedra. Lo de otorgarme el título de gaitero ya es harina de otro costal. Toco la gaita, pero de ahí a ser gaitero hay un trecho enorme. Eso sí, mi falta de pericia con la gaita la suplo dando espectáculo. Para tocar bien ya están mis compañeros de grupo.

Os Pampirolos, ¡los Stones cantábricos! ¿De dónde surge ese nombre?
Un pampirolo es alguien con la inteligencia justa para pasar el día. No se puede decir que sea un tonto, pero tampoco uno que tenga muchas luces. Un pampirolo es un bobo con buen corazón. Un bendito inocente al que todos respetan por su naturaleza bondadosa y bobalicona.

Es el retrato de un personaje entrañable, como sacado de un día de niebla y tormenta del occidente asturiano… ¿Ese gran desconocido? ¿O cada vez menos?
Cada vez menos, pero cada vez más aislado y más abandonado. En sitios como este la supervivencia social es un asunto complicado. Supongo que como en cualquier lugar de la España rural en que nos fijemos. La población cada vez más atomizada en núcleos de población menguantes, sin visos de futuro sostenible y sin grandes esperanzas a medio y largo plazo. No es una queja, ni un lamento. Las tendencias poblacionales en las postrimerías del siglo XX y principios del XXI señalan que el futuro pasa por vivir en grandes urbes, en aglomeraciones donde lo urbanita es moderno y mainstream. Es lo que mola. Si a esto unimos las escasas oportunidades de negocio o de tener un modus vivendi digno, tenemos el cóctel perfecto para la despoblación. Insisto, no es un quejido al viento, hace años que lo tengo asumido. Las cosas son como son y si la gente no quiere vivir en los pueblos, pues es lo que toca. “Es que, viviendo en la ciudad puedes ir al cine, al teatro, a exposiciones, a los pubs de moda…”; pero, alma de cántaro, ¿cuándo ha sido la última vez que te vieron en el patio de butacas de un teatro? Vivir en un pueblo no es fácil, por eso se va todo el mundo. Pero, ¿sabes lo más triste? Que en muchos pueblos queda lo peor, los que no han podido escapar por falta de capacidades (si no lo digo, reviento).

Oye, Roberto, que no lo hemos dicho, felicidades por esos 100 programas de Viajo en Moto y más de un lustro dando lustre a los viajes. Que se dice pronto.
Muchas gracias. Con el salto a los programas semanales en directo y los especiales del Dakar ha sido fácil llegar a los cien. De seguir haciéndolos de forma mensual no hubiera llegado en la vida. Esto de emitir en directo ha sido un salto cualitativo de primer orden. Está mal que lo diga yo, pero he mejorado a la hora de transmitir ideas, conceptos, sensaciones. ¡Estoy encantado!

Venga, confiésalo, también algo habrá tenido que ver Stacy…
Stacy es la voz cibernética de Viajo en Moto. Es la secretaria para todo, la que cualquier jefe querría tener en nómina. Stacy, con su cadenciosa presencia y ebúrnea turgencia, anda algo fuera de onda últimamente. Lo cierto es que ponerla en marcha lleva mucho más tiempo de lo que pudiera parecer y tiene poca cabida en el directo, que es muy dinámico. Por otra parte, al estar yo solo atendiendo a los controles, a la música, a las entrevistas y a los “efectos especiales” se me recarga mucho la neurona. Más de dos cosas a la vez me recalientan los sistemas, como a cualquier hombre, supongo. Ahora, con tantas entrevistas y tanta gente interactuado en el chat mientras se emite el programa, no es tan necesaria como antes. Creo que tuvo su recorrido pero se quedará por un tiempo trabajando en la sombra.

¿No será que le has pedido que dé solución a las llamadas gastronómicas por las que suplicas entre ‘oximorónicas’ y angustiosas plegarias? ¡Cualquiera que lea tu timeline en Facebook y vea los ataques de hambruna exquisita y sibarita que te entran, debe fliparlo!
Lo de las plegarias post-lúdicas es un desvarío que comenzó como queja hacia mí mismo, como un recordatorio para abandonar los excesos sabatinos. No funcionó. Sigo excediendo y sigo quejándome, con amargura, ante quien quiera leerme. Son ayes que parten de lo más profundo, es el silencioso grito de la quejumbre… ves, ¡ya me has picado! Me gustan los excesos verbales, lo barroco y lo rococó en estas redes sociales en las que triunfa la idea sencilla y la inmediatez. Es como aportar el contrapunto a lo inmediato. A veces yo mismo tengo que leerme dos veces para pillar todo el sentido de la frase. Pero bueno, no deja de ser otra vacuidad más, tonterías tan grandes como las que otros expresan de forma más burda pero, en mi caso, con lenguaje rebuscado e inusual. No es lo mismo decir “vaya resaca que tengo” que “entre ayes que se arrastran por lo convexo del mundo, imploro caridad a los dioses para que se apiaden de este pobre ser sintiente”. Dices lo mismo pero lo segundo, por lo trágico, me gusta más. Y el hambre… ¿a quién no le entra un hambre a media mañana que saciaría con cualquier delicatessen?

Entonces… ¿te mueres por un plato de fabes o por néctar de oropéndola almizclera con salsa gelificante de ambrosía? ¡Va, di la verdad!
Lo mío son los párpados de alondra, gratinados sobre una cama tenue de pétalos (con leña de casuarina, por supuesto) y servidos con la maestría única que solo pueden aportar siete vírgenes birmanas envueltas en tules y organdí. Podría prescindir del aroma de noche primaveral o del agua filtrada con líquenes canadienses, pero no de los párpados. Ni de las vírgenes. Pero me conformaría con la fabada.

Yo soy más de pinchos de tortilla. Pero, pospongamos el yantar y regresemos al podcast: ¿Cómo surgió la idea de crear un programa de radio para hablar sobre viajes en moto? ¿Fue también un desvarío o algo muy meditado?
Meditado. Lo pensé, por lo menos, media hora. Ya elaboraba un podcast sobre mi profesión, semanal, pero después de todo el trabajo de grabación, edición y, por supuesto, elaborar los contenidos, tenía una audiencia mínima. Un día me entrevistó Luis Herreros, de Espejos en los Codos, y decidí que iba a ser mucho más feliz hablando de motos y viajes que de ecología y administración forestal. El formato me gustaba, me apasionaban los viajes y las motos y, además, creía que tenía algo que contar. Se me da bien contar historias. Me gusta. Además, disfruto tanto cuando viajo en moto, que siento la necesidad de decirle a todo el mundo que eso, y no otra cosa, es lo que tienen que hacer.

La historia de un hombre tímido que se revela como un magistral comunicador. O como un genio. Me has dejado pensando en las vírgenes birmanas. O estás como una cabra o eres un genio. Y no creo que sea algo que solo piense yo.
Cuando le cuento a alguien que de chaval era muy tímido nadie me cree. Tuve que entrenar duro y sobreponerme a mi falta de autoestima. Y no creas que fue fácil creer en mí mismo y averiguar que no era menos que nadie. Eso sí, una vez superada esa imbécil fase de postadolescencia, me marqué mi propio camino, sin saber nunca hacia dónde iba, y me fue bastante bien. Pero para ser buen comunicador solo hay que tener algo que contar y usar todos los recursos que tengas a tu alcance. Hay que superar esa fase de vergüenza y timidez y ya está. Bueno, y un poco de entrenamiento tampoco viene mal. En mi caso, creo que todo esto me ha venido muy bien para desarrollar mi faceta de payaso.

¿Cuántos invitados en estos 100 programas?
Ni idea, no los he contado. Pero sí muchos amigos, muchas experiencias sobrevenidas y mucha gente encantadora que no hubiera conocido de no ser por el programa y por la página. Si por algo merece la pena estar “de cara al público” es por toda la gente que conoces y por lo mucho que te enriquecen. Creo que entre todos me hacen mejor persona. Y no me refiero solo a los invitados y viajeros: los oyentes y los lectores son de lo mejor que me ha pasado en la red de redes.

Algunos de esos invitados/viajeros han pasado a ser como de la familia. Como Charly Sinewan, al que es imposible no quererle. Qué grande es Charly, ¿verdad?
Charly es el niño al que quiere todo el mundo, el yerno que desea cualquier madre… Tiene ese punto infantil que lo hace divertido y ese desenfado entrañable que hace que quieras que te quiera. Él no va con aspavientos ni grandonismos por delante: es el claro ejemplo de los humildes que nos gustan en Viajo en Moto. ¡Humildes orgullosos! Es tan bueno…

Y de todas las historias que se han contado en el podcast, que no son pocas, ¿hay alguna que recuerdes especialmente?
Sí, la de Abdulah Ommdivar, que salió con su hermano desde Irán, en los años 50; recorrieron el mundo entero durante 10 años. Ahora es difícil imaginarlo a lomos de una Matchless sin suspensión trasera corriendo mil aventuras… pero es que ahora es un venerable anciano de 85 años. Tiene una lucidez y una memoria fuera de lo común. Es, junto con el malogrado Danny Liska, mí héroe absoluto en esto de las motos. Tengo su libro que, a pesar de no ser tan bueno como el de Liska, te transporta a otros tiempos, a otro mundo. Creo que de su vida se podría hacer una gran película porque toda su existencia es una aventura en sí misma.

¿Qué no debería faltar en el equipaje de un motoviajero?
Podría decirte que bridas, pero me quedaría corto. Yo nunca dejo el saco de dormir, la Moleskine y el móvil. Ya sé que suena muy poco romántico eso de llevar el móvil pero, al igual que muchos de mis congéneres, he desarrollado una dependencia enfermiza del aparatito. Más que del aparato, de lo que sale de ahí dentro. Pero bueno, unas bridas y la herramienta son aún más imprescindibles (y la VISA).

¿Y en lo intangible?
Más que intangibles para llevar hay que pensar en los intangibles para dejar. Dejar atrás los prejuicios, la intolerancia, los malos hábitos mentales de cada día… Y lanzarse al viaje con la mente abierta, con la mirada limpia de un niño que lo ve todo por primera vez. Estar siempre dispuesto a correr una aventura mundana, a vivir una peripecia cada día. Cuando viajamos vamos con la cabeza predispuesta para pasarlo bien y a disfrutar. Sería bueno conseguir volver a casa conservando, aunque sea de forma mínima, un poco de ese espíritu del viaje.

Hablando de espíritus y viajes… qué trajiste, además de todo lo que has dejado anotado en la web, de tu viaje a la India con Raúl Sanz? ¿Hay algo interno que cambia para siempre tras una aventura así?
Ya soy muy mayor para cambios drásticos y escéptico conmigo mismo. No iba buscando espiritualidad a India, ni encontrarme con no sé qué parte escondida en mi interior. Pero algo traje. Algo de humildad que me empequeñeció en la inmensidad de la cordillera de los Himalayas, algo de modestia de aquella nada enorme. Y una certeza: soy un privilegiado. He tenido la suerte de venir al mundo en un lugar en el que no se me clasifica por haber nacido en una determinada casta y vivo libre del peso que esta imposición le supone a los indios. Además, me traje amistades inquebrantables.

¿Tu mejor viaje está aún por llegar?
De momento siento que estoy en ascenso vital, pero cerca del declive así que supongo que, si no ha llegado ya, no quedan muchos años para que llegue. El mejor viaje es el de cada día, el ir arañando trozos de felicidad a cada experiencia cotidiana. Pero bueno, contestando a tu pregunta… sí, lo mejor siempre está por llegar porque el pasado ya lo conocemos.

Tanto reseñar libros ajenos, ¿algún día veremos uno tuyo? Porque tienes un piquito de oro… pero también una pluma florida y una legión de admiradores gritando: “¡Roberto, cap…., queremos un libro tuyo!”
No te voy a mentir, a mi también me gustaría tener un libro publicado pero para lanzarse a publicar algo en papel, dar el paso a la literatura con mayúsculas hay que tener las ganas, la constancia y, sobre todo, la certeza de que lo que estás escribiendo merece llegar a ese formato “sagrado”. Supongo que terminaré publicando porque ya lo intenté varias veces, pero creo que aún no ha llegado el momento. Me gusta contar historias, así que es cuestión de tiempo.

¿Será de viajes y motos?
Tengo dos novelas a medias, las dos con motos y con viajes. Así que sí, será de motos y viajes.

¿Podemos considerarlo pseudoprimicia?
No. Son dos historias que están agonizando porque no tienen una trama clara. En realidad son tres. Si algún día consigo que los tres protagonistas se unan en una sola trama, quizá lo publique. Estos tres personajes me tienen obsesionado desde hace años. Vienen, van, revolotean… pero, de momento, cada uno está viviendo su historia sin que yo sepa hacia dónde avanzan. Cuando el círculo se cierre, la trama estará completa y será hora de publicar la obra.

Si algún día decidieses perderte con la moto… ¿dónde podríamos encontrarte?
Depende de la moto… Si voy en Harley en Nebraska; si voy en Royal, en Asia; si voy con la mía, en los Balcanes. He pasado por muchos sitios en los que me dije a mí mismo… si un día me pierdo, que me busquen aquí. Donde estoy seguro que no estaré es en el norte de Europa. Si de verdad alguien me quisiera encontrar, aunque no acierto a comprender los motivos, sería en un lugar con fiesta y con temperatura agradable. Hay una playa con un sofá desvencijado que quizá…

Para terminar, una batería de preguntas rápidas: ¿Qué te sugieren algunos de estos personajes? Josín Castro
Josín es un tipo duro capaz de pararte el corazón presionando en cinco puntos pero a mí solo me inspira ternura. Es bueno y punto.
Fabián C. Barrio
Quizá uno de los tipos más inteligentes que conozco. Asocial y peculiar pero lleno de genialidad. E inquieto.
Emilio Scotto
El ejemplo del tesón y mi héroe de pequeño. Él condensaba todo lo que yo quería ser de mayor.
Guada Araoz
Encarna la inocencia y la pureza. Bajo ese aspecto delicado y frágil late un corazón fuerte y aventurero.
Miquel Silvestre
Miquel es puro egocentrismo y pura garra. Mala leche en frasco pequeño. Pero fiel a sí mismo y empecinado en trazar su propio camino. En muchos aspectos, lo envidio.
El Búfalo
A veces cabalga la ola y a veces está debajo de ella. Pocos términos medios en este personaje tan polimórfico. Lo adoro. Es sensibilidad pura.
Sonia Barbosa
Sonia es como un hada buena. Se va deshaciendo de miedos e inseguridades, como Rapunzel.
Martín Solana
Luchador y seguro de sí mismo. Siempre con planes en la cabeza y siempre buscando. Necesita una novia.
Alicia Sornosa
Polifacética. Se mueve como pez en el agua en este mundillo de overlanders y viajeros. Me da la impresión de que siempre se está buscando a sí misma. Adoro su independencia.
Roberto Naveiras
No lo sigan, él tampoco sabe a dónde va.

Quique Arenas

Director de Motoviajeros y responsable del Departamento de Comunicación del grupo Ubricar.
Durante más de 20 años, en sus viajes por España, Europa y Sudamérica acumula miles de kilómetros e infinidad de vivencias en moto. Autor del libro “Amazigh, en moto hasta el desierto” (Ed. Celya, 2016).

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